dijous, 31 de juliol de 2014

A CUÁNTO VA EL KILO DE MUERTO



Hemos de aceptar nuestra hipocresía ante la muerte. Siempre buscamos estratagemas para salir bien parados del fenómeno natural (parada cardíaca, qué eufemismo) o artificial (la forzada, la homicida). Llamamos a la puerta de los tópicos para que salga uno que nos libre de aceptar la simplicidad absurda del cambio de estado. Vivo-muerto. Yo siempre padezco en los tanatorios. No sé qué decir. Balbuceo entre las experiencias vividas con el finado y las circunstancias del traspaso de universo. Una ridiculez. Lo más sensato es el recuerdo.
Ahora toca Gaza. Los niños, sobre todo ellos, que salgan en primer plano. Víctimas inocentes, siempre es el pie de la foto que agrede nuestra mirada incrédula e inocente (y un carajo). Que escandalicen, que simbolicen el despropósito de la guerra. ¡Mierda de judíos! ¡Cabrones israelitas! ¡Los tenían que haber fundido en los crematorios! La emoción dirigida. El vicepresidente americano bajando las escalerillas en busca de una solución al conflicto. A los niños muertos se la suda la escenografía americana. ¿Y las armas? ¿Quién las vende? ¿Quién las fabrica? Anuncios, es el momento oportuno para la publicidad. ¿Una cremita para las arrugas? ¿Una cervecita helada? Las preguntas importantes se quedan en la recámara mientras otro desfile de muertos se proyecta en un telediario de verano solo animado por los fraudes y los fichajes futboleros.

Antes tocó Ucrania. ¡Qué cabrón es Putin! ¡Y esa cara de vodka que tiene! Más muertos inocentes. La carne del muerto televisivo es la más apreciada. La del niño desnutrido de Etiopía no tiene mercado hasta que aparezcan en pantalla una cuenta bancaria donde depositar nuestra mala conciencia de habitantes del primer mundo privilegiado. ¿Y las mujeres de Ciudad Juárez? ¿Y las víctimas de violencia doméstica?  De tanto en cuanto, sin agobiar, sin forzar preguntas de difícil e incómoda respuesta. ¿Y los muertos de los miles de conflictos africanos?  Son un lío de siglas y de terroristas varios, el espectador no sabría apreciarla. ¿Y la china gallega? Vale, un ratito de muerte doméstica con morbo equilibra la dieta. La carne de muerto de residencia de ancianos la han puesto de oferta en el DIA de algún especial de madrugada. La de los drogatas y otras ratas de cloaca no tiene homologación gubernamental, mira tú si producen efecto llamada. En cambio la de los suicidas desahuciados repunta con fuerza, los periodistas sabuesos hurgan en su historia y provocan la lágrima fácil. Acto seguido podemos contemplar con estupor un spot de diseño patrocinado por cualquier banco que empujó al suicida a la barandilla. No tiene nada que ver. Queremos compartir tu futuro, es el lema más creativo para vender productos tóxicos. En la acera sigue la mancha de sangre recordando que anda suelto el Satanás financiero.
Supongo que después de leer todo lo anterior les será difícil hincar el diente al bistec de ternera sin preguntarse quién fabricó nuestro tenedor y nuestro cuchillo.

dimecres, 30 de juliol de 2014

DE AQUELLOS TIEMPOS MELIFLUOS



Nuestra sociedad está como una cabra y el que no quiera reconocerlo que se autoengañe hasta la eternidad y se queme en el fuego de su deshonestidad. Yo no. Cada día voy metiendo los valores que destilo por la calle en un tubo de ensayo y los llevo a mi laboratorio para analizarlos, es importante la asepsia, sin darme cuenta me he encontrado con contaminaciones inesperadas por bacterias resistentes que acaban llevando el resultado de los análisis a la locura que es aquello que pretenden los propietarios de la sartén en la que fríe nuestro mundo (analicen los datos del consumo de fármacos para consolar la mente y otras estadísticas parecidas).
Mis análisis (tan científicos como yo) apuntan a un tiempo común de arranque de los principales males que hoy nos hunden. Causas y responsables tienen varias caras pero el período cronológico coincide, los virus entraron en nuestro cuerpo social en torno a un determinado momento. He tomado muestras de la atmósfera del período y he encontrado un elemento estructural que acelera la mortalidad del virus: el azúcar.



La década de los 90, con sus Olimpiadas, sus expos y sus mandangas europeístas, es el período melifluo (debilucho, blandengón, condescendiente con los aprovechados) en el que se fraguaron las principales enfermedades que padecemos. Todo era posible. Todo estaba al alcance de nuestra mano (mediante préstamo personal o hipotecario). Los deseos (caprichos) se convertían en órdenes, los padres eran amigos, el carpe diem daba licencia para matar el orden y el esfuerzo, los derechos daban collejas a los deberes y los gobernantes nos vendían como infalible un progreso insostenible e inconsistente. Tiempos de travesuras diabólicas de los más listos de la clase, de una especulación galopante que favorecía al ejército oportunista que siempre está listo para asestar sablazos a los incautos. Y lo peor, pongo mayúsculas, exclamaciones, negrita y aumento la letra: tiempos de psicólogos y de autoayudantes. Estoy blindado contra los obuses corporativistas de este gremio.
Una legión de iluminados, de vendedores de humo, de místicos frustados, de aconsejadores en la vida del otro y de sordos en la propia se abalanzaron sobre un público ávido de milagros de todo a cien. Y empezaron a inocular a trochemoche  palabras como resilencia o reinventarse o coaching o pollas en vinagre varias que sirvieron para desorientar al cliente y para engordar los bolsillos, los egos y la docilidad de todo hijo de vecino que quisiera aspirar a cambios profundos en diez minutos.
Yo he vivido esos tiempos melifluos y he probado todas las drogas que me dieron. Y hoy, desde este mundo tan cochambroso soy capaz de afirmar que es necesaria una desintoxicación de narices para expulsar toda la mierda pseudoespiritual que nos bloquea y nos impide convertir este mundo en algo habitable y amable.   

dimarts, 29 de juliol de 2014

ESTAMPITA 2.0.



Las nuevas tecnologías avanzan inexorablemente, tanto, que esta obviedad durará pocas horas en llegar de mi teclado a uno y otro confín del mundo conocido (chúpate expresión barroca). Nuevas formas de hacer, de pensar, de sentir, de relacionarse, y a la vez, como una muestra de la poliédrica naturaleza humana (los que dirigen las máquinas no se olviden) perviven tradicionales vicios, endémicas trastiendas, ancestrales maldades, mentiras de toda la vida.
La escena que les recomendaré se rodó en blanco y negro. Aunque tiene 45 años está de rabiosa actualidad. Un Tony Leblanc genial haciendo de tonto del culo y  un Antonio Ozores (no, hijo, no) en el papel de alma caritativa encarnaban el mítico timo de la estampita en la peli Los tramposos.


El timo del timador timado es una lección moral. Se puede coger por múltiples esquinas, desde el castigo al ansia de dinero fácil  a la traición del supuesto factor suerte, el abuso de los débiles o la fragilidad de los tópicos falsos (un cura con brazalete negro es suficiente para que pique el lerdo). Todo contribuye a meter por el agujero a un incauto que se cree el rey del mambo. Sin una suficiente dosis de vanidad es imposible el milagro. Con una ración de desconfianza se hubiese descubierto el pastel pero los timadores saben castigar el bazo de los arrogantes.


La industria del timo se ha modernizado con las nuevas tecnologías, cazar el futuro con una redecilla es una zanahoria potente para cualquier incauto de pro. Y eso es lo que hizo Jenaro García, propietario de Gowex. Su historia licua la sangre más que la de su santo napolitano. En el fondo ha sido un copión de Leblanc, vendes la primera estampita como si fuera un billete de 500 euros y las siguientes (cuentas maquilladas) son hojas de papel en blanco. Los tramposos de la peli hacían mutis por el foro para que cuando la víctima quisiese reaccionar ellos estuviesen en Torremolinos ligando suecas. Jenaro se recreó en su suerte y lejos de desaparecer se dedicó al culto al ego figurando en fotos con ministras y presidentes del gobierno o posando en especiales del actual Rey (con el que presume de compartir promoción universitaria).
Si Jenaro se ha llevado la fama, Salvador Martí, propietario de la empresa F7, una start-up dedicada a los sistemas de seguridad por reconocimiento facial (también premiada por la Garmendía, ministra talismán para los timadores), es un exponente estrambótico de los nuevos métodos de timo. El título del artículo de El Público en mayo de 2010 ha resultado profético. Objetivo: sacar el dinero por la cara. El autor quería hacer un juego conceptual entre el objeto de la empresa y sus beneficios y ha resultado una definición precisa del modelo de negocio del timador Martí. Si Leblanc repartía estampitas, el informático alicantino presumía de haber instalado su sistema de seguridad en el Empire State Building. El País ha descubierto que los americanos no tienen ni repajolera idea de la existencia de F7. Y la magia siguió más allá, con una facturación de 8500 euros (sí, han leído bien, no falta ningún cero) el MAB ha valorado la gaseosa empresa de Martí en 21 millones de euros (sí, han leído bien, no sobra ningún cero). El software que vende F7 promete ser eficiente, descubre el rostro de cemento de su inventor con dos cifras.
La más inquietante figura del timo de la estampita es la de Antonio Ozores. Ese cura con brazalete negro que propicia la credibilidad necesaria. Por mucho que me lo expliquen, yo soy muy duro de mollera, y no creo que Jenaro García y Salvador Martí pudiesen crear solitos un entramado tan sofisticado sin la presencia de una caterva de Ozores con los que repartirse los jugosos dividendos de sus timos 2.0. Qué miedo da la policía, no porque reparte palos en las manifestaciones sino porque parece aceptar mordidas para dejar vía libre a los timadores con corbata. Lo de las preferentes sigue en mantillas y ya están llegando nuevas oleadas de timos del sector tecnológico. La decencia acabará en un museo.

dilluns, 28 de juliol de 2014

POCO HONORABLE




Llevamos dos meses fatídicos. A la orfandad en la que nos dejó la abdicación del campechano creador de la democracia (surgido de la dictadura) se ha sumado la defunción política (en diferido que diría la Cospy) del Yoda (o Dios, como prefieran) Pujol por culpa de un pecadillo de tributación de herencia. No tuvo otro momento para resbalar el extinto monarca que cuando los españoles estaban con el agua al cuello, no ha mejorado el don de la oportunidad el President (nunca se les aplica el EX), en pleno proceso por la independencia se le ocurre al pecador pedir comprensión por haber ocultado la verdad. 


Yo que soy de naturaleza mal pensado estoy por afirmar que las cacerías del antiguo rey y los dinerillos en cuentas foráneas del ideólogo del nacionalismo pactista no son más que peccata minuta. En sus buenos tiempos hubieran secuestrado las informaciones y hubiesen sellado con silencio cualquier desliz. Pero los enemigos de ambos estaban acechantes esperando que una grieta permitiese finiquitar el disfraz de tan destacados prohombres. Supongo que las adhesiones a la figura de Juan Carlos en su despedida serán sustituidas por misas en honor al mártir catalán que cayó en las garras de los enemigos del proceso independentista. Si no sucediera este último punto empezaría a pensar seriamente en la regeneración del País (hablo de Catalunya). 

Vamos con los detalles reveladores. Curiosa desvinculación automática del sucesor del fraudulento Pujol (dice el president Mas que no es más que un tema personal), el silencio sepulcral del Gordoncho Junqueras (que pase el chaparrón cuanto antes), el poco ensañamiento del frente españolista (no quieren remover Gúrteles o Bárcenas), la meliflua condena de los sociatas (bastantes pecados tienen en Andalucía). Creen una columna con el ítem CASTA y van poniendo cruces donde consideren.
Un país adormilado (hablo de España) ha permitido que le cuelen otro rey de rondón sin que se pueda pronunciar siquiera sobre la posibilidad de instaurar una república. El debate se hurtó con una gran frase atribuible al Dios Pujol: ahora no toca. A un país empobrecido (hablo de Catalunya) le han colado un proceso independentista para ocultar unos recortes acojonantes y un debilitamiento de la clase media (la única con posibilidad económica y sobre todo intelectual de dar por saco a los poderosos) sin precedentes que deja en la bandera la única posibilidad de salir del agujero donde lo han metido los amigos de defraudador.
Pujol y Juan Carlos no tienen tan solo en común un final poco decoroso (honorable, título que reciben los presidentes de la Generalitat), compartían padres hacendosos (con toda la sorna) que por motivos diversos les dejaron una herencia de muchos ceros (que ni usted ni yo podremos soñar). En tiempos de sustos golpistas les unió una frase que pasó a la historia. Tranquil, Jordi, Tranquil. Todo estaba bajo control.
¿No creen ustedes que el Parlament debería aforar a toda prisa al patriota Pujol?

dilluns, 14 de juliol de 2014

SANTA LUCÍA



Los que ya han cumplido medio siglo seguro que al leer el título del post lo han relacionado con un señor que aparecía cada mes por el domicilio de sus padres o de sus abuelos al grito salvaje de ¡los muertos! Actualmente lo denominamos finamente seguro de decesos, o sea, pagar tu entierro. En aquellos tiempos oscurantistas que te enviaran a una fosa común era una deshonra y aunque los pobretones tuvieran que quitárselo de comer había que asegurar un funeral honrado por si en el otro barrio pedían antecedentes. La gente (mi abuela a la cabeza) no hacía demasiados números (no había pisado la escuela) para comprobar la rentabilidad de una funeral a plazos. Yo creo que no ser una carga para tus deudos era una motivación extra para contrapesar el exceso de pago.
¿Qué por qué me ha venido esta venita nostálgica? Muy sencillo, pensé en el PSOE y un poquito menos en el PSC. ¿Enrevesado? No, no, ya verán que la metáfora es perfecta.
Felipe González tenía imán y Alfonso Guerra tenía látigo. El PSOE tenía siglas, el PCE tenía una radicalidad que asustaba. Las dos Españas estaban claras cuando había que poner un voto en las urnas. La transición lo lió (corrompió) todo, imagínense que con la caída del muro de Berlín nos colaron de rondón el final de la lucha de clases. Todos éramos clase media, todos podíamos conseguir nuestros sueños (previa hipoteca bien gravada de intereses), todos íbamos en la misma dirección. Aznar era tan rancio que despertó a parte de los hipnotizados, sus delirios de grandeza con el tío Sam y un atentado determinante entregaron el poder a un jovencito sin historia que parecía desvinculado del aparato del partido. Y le salió bien el tema a los sociatas que siguieron trincando a manos llenas investidos de renovadores. Pero la segunda legislatura del Cejas desveló que cuando había que subir al Tourmalet (crisis económica) los principios no estaban claros. Y caímos en manos del Plasmático y su caterva de ineptos profesionales para implantar la involución. Y al otro lado, la única esperanza era más de lo mismo (llámese Rubalcaba). Y cuando el populacho perdió la esperanza en Santa Lucía dejó de pagar los recibos (votos). Y cuando el partido estaba con el agua al cuello se inventó una nueva modalidad de entierro a plazos, las primarias. Después de que todos los gerifaltes que habían chupado a manga ancha dieran un paso atrás para no contaminarse de fracaso, le dejaron el estrado a tres figurantes con consistencia ideológica 0. Y llenaron el proceso de parafernalia para hacernos creer que el que no pagaba los muertos lo enterrarían fuera del campo santo.


Ya tenemos un nuevo Mesías, Pedro Sánchez, prometió anoche después de la victoria recuperar una de las señas de identidad del socialismo, “proteger al más débil”. Si no hubiese vivido el timo de Santa Lucía lo hubiese creído por necesidad  pero es que este muchacho fue uno de los 100 consejeros generales de Caja Madrid entre 2004 y 2009 en representación del ayuntamiento de Madrid. Si no voy errado en ese período se produjeron tres emisiones de preferentes delante de sus narices. Hace unos días, cuando El Confidencial descubrió la trastienda redactó una lamentable exculpación basada en un reconocimiento de ignorancia que lo inhabilita para dirigir nada.O sea, ya nace muerto.Y se quieren más datos (ya saben mi obsesión por el Big Data) del conciliábulo consulten de dónde le vinieron los apoyos al Felipe Renove.
Le advertí a una amiga sociata hace un tiempo que los buitres se cargaban el PSOE, lo que me faltó pronosticar es que después de cotizar toda la vida en la Santa Lucía Roja nos lo dejarían sin enterrar.