divendres, 31 d’octubre de 2014

CARNAVAL, CARNAVAL...




Esto de la secesión catalana es un espectáculo digno de sacar conclusiones. De uno y de otro lado se escuchan sandeces que lo único que pretenden es enardecer a los partidarios y cabrear a los contrarios. Cada loco con su tema que diría el Maestro Serrat. 9N día D. Tribunal Constitucional vs derecho a decidir. La Constitución frente al Parlamento catalán. Que nos mire el mundo, que vean que no nos dejan votar. Que se salten la ley para acusarlos de sediciosos, que desobediencia civil y como ejemplo las mujeres y los negros (qué fuerte). La democracia en boca de todos para limpiarse el culo con ella. Garantías en el sufragio contra votaciones de costellada. Madrid nos roba, mejor juntos. Polarizar, ocupar prensa y la tele, entretener al populacho para que no repare en que no tiene trabajo, que la sanidad se la vendieron y que la educación es un juguete para aleccionar futuros ciudadanos independientes o dependientes, depende del que gobierne.

Preparen la plumas para el domingo que viene, salgan a la calle para impregnarse del carnaval, agiten las banderas, propugnen grandes propósitos de bajos intereses, péguense una samba en el honor del futuro mágico que todo lo arregla, báilense un chotis para invocar el pasado glorioso. Yo disfrutaré de este enfrentamiento patético que lo único que dirimirá es qué élite mantiene su hegemonía. Los señoritos del PP o los burgesos de CiU me la repampinflan por igual. Los comparsas de ambos bandos me dan pura pena, los han embaucado con cantos de sirena y ellos no tienen la fuerza de Ulises. Pero es que el modelo de país se la suda por igual a todos los protagonistas, no trempan mi intelecto, no apasionan mi futuro, y por eso me lo tengo que tomar a coña para sobrevivir en ambiente hostil de palurdismo generalizado.
Y ahora calientan motores, los de aquí no escriben nada para que no les impugnen (olé lección de democracia y exhibición de astucia), los de allí demuestran que Montesquieu era un iluso y que tiene los tres poderes en la mano. Y los ciudadanos jaleando a los que nos toman el pelo, de uno y otro bando. Pero señores, que siga el carnaval, que cualquier día de estos nos damos cuenta que somos más pobres que una rata y que nos engañaron los de aquí y los de allá. 

dijous, 30 d’octubre de 2014

DESNATURALIZARME



Nací hombre. Me crié hombre. Actué en mis primeros años de vida como se esperaba del hombre que era. Machote, ese vocablo inocente que resume lo hombre que uno tiene que ser cuando todavía no lo es. Unos curas rancios no me dejaron compartir clase con las niñas. Malo, las mitifiqué, las cosifiqué, las miré desde el instinto y desde una curiosidad rara. Jugué al fútbol, cómo iba a ser de otra manera. Los chavales consumimos pornografía a escondidas (qué asco decían ellas, algunas), nos derretíamos con cuerpos femeninos perfectos que construyeron nuestra idea masculina del sexo. Fui engullendo prejuicios sin percatarme, los recogía en todas partes, en la televisión, en los amigos, en una sociedad que respira patriarcado. Estudié la Historia de los hombres, escrita por hombres, pensada por hombres, donde los protagonistas eran hombres prominentes. Y tampoco reparé demasiado en ellas, la mitad de la humanidad muda, ya se sabe, las mujeres relegadas a la nada, un desequilibrio que cruza toda la Historia sin dejar huella. De vez en cuando aparecía como un hongo extraño alguna mujer (a partir del siglo XIX especialmente) reivindicando el cerebro femenino, existía envuelto de una marabunta de hombres distinguidos o de hombres poderosos. Suerte que nunca me dejé seducir por teorías biológicas que me hacía superior por haber nacido hombre, un pecado que me ahorré. He comprobado la violencia de los hombres sobre cristales que yo también he pisado, he descubierto las armas que mi género ha diseñado para mantener su hegemonía: el matrimonio y su rentable sumisión, la maternidad y su asociada abnegación. He visto cuervos que han sacado ojos a las madres que los amamantaron, ahora ministros del patriarcado mutante. He padecido a mujeres que trabajan para el hombre con más ahínco que los propios machos, que se benefician de sus vendas en los ojos o de unas prebendas boomerang. 

XUE JIYE

Es muy difícil comprometerme con la liberación de las mujeres desde los genes de hombre, es necesario una desnaturalización que castigue cada salida de tono de ese que vive bajo mi piel y que me pide un corporativismo absurdo. La historia del patriarcado es tan potente y tan aplastante que se filtra por las tapias de la cordura. Tengo que parapetarme para dominar la costumbre. Necesito tomar mi dosis diaria para escapar del manicomio que dominan hombres que saben moverse en escenarios políticamente correctos. Detectar cada agresión embadurnada de irrelevancia o de chiste sin importancia. Hay que liquidar al enemigo desde dentro, desde el tuétano. No solo cuestión de incrementar presupuestos de ministerios poco útiles o dictar leyes de quita y pon, es cuestión de ir hacia adentro y aniquilar las secuelas de la soledad masculina, neutralizar la falocracia, ridiculizar a los que postergan a las mujeres a probeta reproductora. No hay manada, no hay género, hay personas humanas, como tú y como yo. Cuanto más me desnaturalizo más orgulloso me siento de ser hombre.

Cuando miramos sólo con un ojo, nuestro campo de visión es limitado y carece de profundidad. Si miramos luego con el otro, nuestro campo visual se amplía pero todavía le falta profundidad. Sólo cuando abrimos ambos ojos a la vez logramos tener todo el campo de visión y percepción exacta de la profundidad.                                                                   Joan Kelly.


dimecres, 29 d’octubre de 2014

SHACKLETON POR LA CULATA



Llevo 23 años en la educación y sé de lo que hablo. Son años suficientes para calibrar la materia prima que me llega a la clase. No soy de esos que dominados por la artrosis se consuelan venerando tiempos pasados mientras chuchifaltean el presente. Yo me adapto a todo y a todos, hay quien lo denomina ley de vida. Eso no supone que cierre los ojos a una realidad que me aterra. NUNCA, repito alto, claro y fuerte, NUNCA HE TENIDO ALUMNOS TAN MENTIROSOS. Jordi, por favor, no te pierdas, te pueden poner una querella, no generalices, algún sincero quedará, no seas políticamente incorrecto, no te leerán. ¡Al carajo! He dicho VOZ ÁCIDA y será VOZ ÁCIDA.
La mentira es una unidad de inteligencia. Trolas ha habido siempre y no dejarán de existir. Pensemos que la creación del mundo durante siglos y siglos se sustentó en una patraña de baja calidad. No me digan que lo de la costilla de Adán no tiene enjundia. Un alumno antes de admitir su responsabilidad en cualquier desaguisado suele optar por los atajos. Comprensible. Pero cuando entra en un callejón sin salida, el inteligente, suele confesar su impericia para no acumular faltas. Estos especímenes actuales no. Se saben protegidos por muchos parapetos. Sigue tozudos con sus bolas increíbles negando la realidad. Y si les dejas te convierten en plana otra vez la Tierra. Extrapolando lo que sucede en un laboratorio social como es mi aula, estos venerados hijos de su mundo aseguran el relevo generacional de presidentes del gobierno como el que tenemos. Lo que no se nombra no existe, las mentiras solo hay que convertirlas en silencio para que resistan los envites de la verdad.


Les dejo un botón de muestra. A los de primero de ESO les mando ver un documental sobre Ernest Shackleton titulado Atrapados en el hielo que describe las penurias del explorador inglés por la Antártida. El anuncio que puso a los interesados por su aventura ya era de toma pan y moja.  "Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito".  Les pedí a mis alumnos un resumen del video y hoy me lo tenían que presentar.
Un avispado muchachín me presenta un pedazo de escrito que en cinco líneas contenía treinta palabras de las que no tenía ni remota idea. Cuando le inquiero sobre tamaña irregularidad me responde que le ayudó su hermano de 22 años. ¿Trabaja en la Real Academia de la Lengua? No pasó de Cuarto de ESO. Me intereso por su caso, pienso en una inteligencia prodigiosa oculta entre las zarzas. Jordi, no bebas más absenta. Lejos de sonrojarse y admitir su culpa, el preadolescente de pro se enroca a lo Kasparov. 

-¡Era un borrador! El resumen lo he perdido, no encuentro la hoja.
 

Me toma por imbécil. Pero el gañán no confiesa, se mantiene erre que erre en su posición. Si no me pillas con las manos en la masa (a lo Fernando Granados) no confesaré, se acoge a la presunción de inocencia, Google es mi UDEF y descubro su cuenta suiza (la página de donde extrajo el misterioso resumen). La mentira entonces se convierte en falta de respeto. Atenta contra la inteligencia del destinatario y pretende evadir (capitales) responsabilidades. Y eso sí que no, eso no se lo permito ni a mi alumno ni a la ínclita Esperanza Aguirre.
No hay perdón para la mentira deliberada y pertinaz.


dimarts, 28 d’octubre de 2014

EN MINORÍA



Vivir en minoría es farragoso (confuso por tener muchas cosas desordenadas o superfluas). Los sistemas concéntricos que nos rodean (familia, trabajo, ciudad, estado, iglesia, tradición) nos facilitan las respuestas para que no pasemos por el trance de tener que buscarlas en sitios inconvenientes o en experiencias dolorososas. Ya se sabe, esto es así, no hay más, lo quieras o no. Munición para sobrevivir a costa de ir siempre con la vela henchida de viento a favor.


Vivir en minoría obliga a un convencimiento que no puede obtenerse en las grandes áreas comerciales de la mayoría. Allí se vende fanatismo a granel. De madrugada y por debajo de la puerta de servicio, me pasabas el hachís canta el Maestro Sabina en Tiramisú de Limón. Así actuó mi amante cómplice cuando dejó sobre mi mesa una Contra de La Vanguardia del año 2008. Les advierto que es un texto sagrado para aspirantes a minoritarios. Las marcas fluorescentes me guiaban para que no me perdiese por las ramas, el problema fue que las raíces, el árbol y las ramas ofrecían la misma calidad y era imposible no imbuirse del aroma de tan distinguido contracorriente. Josep María Castellet (crítico literario, ensayista y editor) estaba habituado a quedar en minoría cuando solicitaba el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes para Josep Pla por su destacada labor por el catalán y por Catalunya. Buen inicio para desmontar intelectuales prejuiciosos.
Castellet hace apología de la singularidad desde el principio de la entrevista. Soy de izquierdas. Soy ateo. Una fuerza atraviesa el mundo: el mal. Propugno la infidelidad. La propuesta en su conjunto afearía cualquiera de los salones vacuos que se pirran por el consenso dejando de lado la verdad unívoca. No conforme con la primera ráfaga, ahonda en las intenciones de los mayoritarios que diseñan nuestra vida hasta los últimos detalles. Me parece que la vida es un complot para evitar que hagas nada de provecho. ¿Por qué? Por el secuestro del tiempo: obligaciones, compromisos, reuniones, llamadas, citas, comidas, distracciones…La agenda colapsada por otros que nada tienen que hacer o que nada quieren que hagamos (miren a su alrededor y los encontraran pontificando sobre el valor del sacrificio y la sublimación de las obligaciones absurdas).
La vida es un sinsentido. Es extraña, no se entiende. Su descubrimiento ofende tanto que la mayoría tiene que enterrarlo de buenos propósitos. Sentimentalismo, bondad, poder, lo que sea para no mirarse al espejo y tener que aceptar que todo es menos de lo que imaginamos y que nuestros autoengaños no resisten un buen lavado de paso del tiempo.
Propugno una ética de la infidelidad, pese a mi escepticismo, yo quiero participar del devenir del mundo, y eso exige evolucionar. Farragoso, ya lo dije al principio, obligarse a repensarse, a cuestionarse, incluso a dudar de los grandes principios que uno consagró en momentos de inconsciencia en aras de refugiarse un poquito en la seguridad de la mayoría. Bálsamo de cobardes, alimento de poco previsores. Lo que se acaba, se acaba. Con todo respeto para el dolor de las personas: el dolor es componente insoslayable de la vida.
Estimados lectores ácidos, muéranse con sus propias ideas, en absoluta minoría. Castellet con impune desfachatez testó a favor de la vida proponiendo estímulos para sobrellevarla.
Hacer algo que esté más allá de tus posibilidades. El resto es irrisoriedad vegetativa. Haz: haciendo, te haces.