divendres, 27 de febrer de 2015

PRIMAVERA MADRILEÑA



Quiero empadronarme en Madrid por unos meses. Acepto que alguien me acoja en su regazo para figurar en el censo de la capital. No tengo otra intención que poder votar en las próximas autonómicas y ya advierto que mi voto será nulo porque pienso depositar dos papeletas, la de Gabilondo y la de García Montero. 

Parecía imposible que del PSOE decrépito pudiese salir nada bueno, los discursillos llenos de soniquete progresista de Sánchez no presagiaban verdaderos cambios, el aparato estalinista controlado por barones, exbarones y prebarones seguía empecinado en lanzarse en vuelos sin motor en cada consulta electoral. Lo de Tomás Gómez fue bochornoso, tanto, que al final hasta el propio interesado lanzó la toalla de su defensa porque entre paisanos se comprenden. Y por una de esas carambolas de la realidad, apareció el Maestro Gabilondo para lanzarse al ruedo. Desoyendo las lecciones de estrategia de su hermano Iñaki que le advertía que se metía en la boca del lobo. El candidato se estrenó ayer citando a Kant: “la honradez es la mejor política”. Ángel, el salto del Ángel (su mítico blog) y la ciudadanía humillada por años de rancia caspa pepera, represora de libertades y privatizadora de servicios, merecen que el lema se inscriba con letras mayúsculas en todas las vallas publicitarias de Madrid. Para salir de la crisis de valores que nos empujó a la crisis económica son necesarios políticos que tengan claras las prioridades. No creo en chamanes que venden humo, no creo que les sea fácil reconducir los vicios pretéritos pero creo que si alguien puede hacerlo es el Maestro Gabilondo, un tío con luces. ¿Las primarias? No me gustan y sí, a veces pueden ser útiles pero otras obligan a los candidatos al populismo, a la política de márketing. Hay candidatos que no pueden someterse a ese desgaste o que no es recomendable que lo hagan, es la parte más patillera de la política. Escucho los pitos del sector Podemos. Es mi opinión porque he sido político y he visto las bases en las que se sustenta el negocio. Por otra parte es obvio que el candidatos tiene que ser reconocido por los suyos para poder presentarse con unas siglas pero no puede enfrentarse a camisa despecheretada con otro candidato que lleva años y años de política profesional (clientelista en muchos casos) tipo Gómez. Ha llegado el momento de los extemporáneos, de los que nadie esperaba porque tenían bloqueada la escalera los tripones y solo se puede subir por la de incendios (si no tienen colocado algún bulto para obstaculizarla también). 

Todavía no es definitivo, puede que al final al Maestro Luis le aconsejen sus Iñakis (ayer escuchaba al Maestro Sabina temer por su poesía y por su roce) que lo mejor es que las cosas sigan como están, que deje la batuta a Tania Sánchez y sus enemigos, candidatos con carreras lustradas de cargos en diferentes administraciones, fieles representantes de estructuras caducas que no entienden que el viejo mundo político está en naufragio constante.¿Cuáles son los avales del candidato? Yo no fui poeta para escribir versos perfectos,  sino porque me sentía heredero de Lorca, que fue asesinado; de Rafael Alberti , que vivió en el exilio durante 40 años;  de Machado…Si al final da el paso al frente sabe que tiene mi voto forajido.
Lo anterior lo escribe un catalán, que vive en Catalunya, pero que siente una sana envidia por este movimiento regeneracionista madrileño (¿otra movida?). Puede que la culpa la tenga el aniversario de la muerte de Giner de los Ríos que ha provocado una conjunción astral sin precedentes. En mi tierra inundada de banderas tapacrisis la política sigue en manos de albaceas de familias de abolengo (la comisión Pujol ha desenmascarado el cotarro). Coincido plenamente con la Ferrusola, Catalunya no se merece esto. No es tan importante el derecho a decidir como aquello que tenemos que decidir.

dimecres, 25 de febrer de 2015

UNA RENDIJA



La libertad de pensamiento es un arma de destrucción masiva. El ser humano se vuelve tremendamente peligroso cuando decide interpretar la realidad que le circunda con sus propias herramientas. A la que no se le restringe esa posibilidad siempre surge la amenaza de que se volverá un carnívoro que devorará a sus propios congéneres. Alienarlo es la única medicina para que poder vivir mínimamente tranquilos en sociedad. La religión es la mejor anestesia para guardar los corderos en el cercado. La educación es la mejor máquina productora de dependientes mentales que se conoce desde el siglo XIX.
El velo. Paulina Jaimes.

Hablo distendidamente con tres alumnas musulmanas sobre el velo. Cada justificación, cada argumento, se me representa una muralla infranqueable. Se refugian en un libro sagrado, ha sido revelado por Dios al profeta Mahoma. Nada que hacer, cómo cuestionar ni un punto ni una coma de lo que ha dicho Dios (quién te crees que eres) y que ha sido respetado por sus antepasados durante siglos. A la que yo me intento asomar a alguna tapia que dejan desprotegida por su bisoñez juvenil noto que se desconfiguran momentáneamente y el disco duro parece fuera de servicio, pero a la que el Wifi doctrinal vuelve a funcionar me arrollan con la potencia de los preceptos. No hay manera.
Se suma a la conversación un alumno musulmán negro, es otra realidad. Sigue teniendo un anclaje poderoso pero su duda aparece en forma de balbuceo cuando pretende explicarme las obligaciones de su religión. Le faltan palabras, le cuesta hilvanar las razones, un soplo de libertad le quiebra el orden de la sumisión. Es hombre, viene de otro Islam más descafeinado, subsahariano, pero el peso de la tradición lastra cualquier posibilidad de vuelo intelectual. La realidad occidental le cuestiona constantemente pero no quiere considerarse traidor y al igual que sus compañeras acaba entrando en una fortaleza que le protege.
Otra alumna musulmana, precisamente la única que lleva velo, mira la escena y calla. Me ha propuesto hacer un trabajo de investigación sobre la mujer (mis semillas parece que brotan), ha aceptado mi recomendación de empezar leyendo Un cuarto propio de Virginia Woolf. Ya se ha descargado el PDF y me confesó que le gusta. Me había hablado de la realidad de su madre (permisiva pero dolida por sus ideas) y de sus tías en Marruecos (no se ponen el velo porque son maestra), su tía de aquí (aparentemente abierta de miras pero sometida sibilinamente a su marido), de su abuela (integrista radical). Ella lleva el velo pero viste de chándal lila. Sus compañeras la critican, eso no es así rezongan por lo bajini. No se tapa el cuello, ellas tampoco, pero es porque no se sienten preparadas. No lo entiendo, ellas tampoco demasiado, cambian de tercio y me hablan de actrices que hacen películas atrevidas (supongo eróticas) en Egipto (según ellas fuente de perdición) y que vuelven a Marruecos para confiesar que lo hacen por necesidad pero que les gustaría ir tapadas de arriba abajo para ser unas buena musulmana, aunque sea un solo día de su vida. Mujeres malas y mujeres buenas, la clave.  

La alumna con velo y chándal lila guarda distancia física y mental. Me parece un milagro que una mente libre haya podido florecer en medio de un pedregal tan compacto. No me atrevo a decirle todo lo que pienso, le imagino un camino muy duro. Su situación me recuerda lo vivido en esta España ahora tan laica otrora acuciada por el olor asfixiante del incienso, lo vivido por mis abuelas y mis tatarabuelas y que ahora parece superado para siempre. Solo me permito advertirle que tal vez la lucha (le dije la investigación) no haya hecho más que comenzar.     

LA COMBINACIÓN



Tic, tac, tic, tac.  Siempre es la misma escena, anda que no nos hemos chupado pelis de acción. Lo primero descubrir el artefacto. Dónde narices lo ha escondido el malote. Ahora que lo pueden colocar en un palillo de pinchar berberechos o que te lo pueden instalar en el esófago sin que tú te enteres. Tic, tac, tic, tac. El artificiero sudando la gota gorda, probando letras, números, algoritmos, combinaciones. La madre del malvado se llamaba Carolina. Nada. Su perro Toby y su gato Miau. Nastic de plastic. Nació el 11 de enero de 1997. Primero el año. No, no, primero el mes que son anglosajones. Nada. Tic, tac, tic, tac. 


En cuatro años nadie ha podido encontrar la combinación que descomponga al flemático presidente plasmático. No ha habido forma humana de descabalgarlo de su enrocamiento galleguiño, ni la afrenta de los catalanes lo sacó de sus casillas, ni los que le invitaban a pronunciar la palabra rescate, ni los reiterados tsunamis de corruptos que inundaban periódicamente las sedes populares (del PP, conviene la precisión). Nada. Tic, tac, tic, tac. Se lo espetó el Coletas pero él como quien oye llover en Santiago.
Ayer todo cambió, cuando la peli llega a su fin. Yo casi diría que están asomando los créditos y el encargado de la limpieza tiene dispuesta la escoba para recoger las palomitas. Casi todo el mundo andaba ya fuera del cine esperando que empezara otra película, la que tienen que protagonizar las hordas bolivarianas o los denostados Ciutatans. Nadie esperaba que en el #DEN2015 (un toque de modernidad siempre da glamour a un post), en una eliminatoria de Copa del Rey de las que parecen un paseo militar del poderoso (la presidenta Villalobos se entretenía con el Candy Crush de puro aburrimiento) fuese a saltar la sorpresa. Se suponía que el displicente Rajoy marearía la perdiz con los cuatro datos macroeconómicos que avalan sus desalmados tijeretazos o que se saldría de todas las emboscadas apelando al penoso legado zapaterista, o que se inventaría un país que no existe, cuando el empate sería dado por bueno por todos los contendientes, algo se espichó y explotó inexplicablemente.

-          - No vuelva usted aquí. Ha sido patético.

Sonaba al gangsterismo aznariano, ¡Váyase señor González! Pero es que ahora el que está en riesgo de pirarse es él. ¿Qué tecla tocó Pedro Sánchez para desactivar las defensasas rajoyescas a prueba de todo escarnio? BARCENAS. ¡No puede ser! Si ya lo habían intentado millones de periodistas, oponentes y público en general. Qué cambió ayer. El secretario general del PSOE apretó el botón sin parar, puso el repeat y cada diez BÁRCENAS intercaló un SINVERGÜENZA. 

Se acabaron los lemas casposos (tuyo es el cambio, el futuro es nuestro, tú decides), solo hace falta que transcriban la combinación twittera y a convencer indecisos.

dimarts, 24 de febrer de 2015

RADICAL E INTRANSIGENTE



Radical es aquello que se refiere a la esencia o a los más profundo de algo. Los árboles no pueden renunciar a sus raíces, al canal por el que reciben el alimento para crecer. Adjunten el adjetivo radical a cualquier sustantivo de la realidad actual y verán que pronto a su alrededor florecen caras de descontento. Cámbienlo inmediatamente por moderado y verán cómo respira su entorno. Piensen en política y lo entenderán a la primera. Después del susto, seguro que hay algún iluminado que escupe la frase que resume la nueva era de sosiego: los extremos no son buenos. Nuestro cerebro sigue invadido de aristotelismo, el filósofo griego ponía en las dos partes opuestas de un segmento vicios y en el punto medio una virtud, por ejemplo, entre la temeridad y la cobardía se encontraba el valor. Yo propongo colocar en los dos extremos verdades absolutas, irrenunciables, esenciales, en medio, una mentira que resigna a no conseguir la totalidad.
La radicalidad es dolorosa, presuponen los partidarios del medianismo que tendrán que enfrentarse a las renuncias, mejor relajar la cuerda y  moderar las exigencias.  Como las raíces de nuestra moral cotidiana se han descuidado no es de extrañar que se hayan secado las ramas. Lejos de volver sobre los pasos de tan clamoroso error y abocar agua en la tierra esperando una lenta resurrección prefieren explicar el fenómeno de forma exógena. Balones fuera, recriminaciones ambiguas a dioses paganos, mentiras piadosas moderadas pero inútiles.

Light. Eso es lo que triunfa, lo que es sin ser. Raíces de cartón piedra. Sin azúcar y sin sustancia, también sin dolor. Sin principios definidos y con fines negociables. Hoy es así y mañana Dios dirá. La arbitrariedad moral que nos inunda, que nos desconcierta. La verdad en manos del mejor postor o del mercenario más intimidador. Los intereses particulares o generales como brújula. Rosas de Jericó al albedrío del viento. Hay moderados que aguantan perfectamente la falta de agua, no toman decisiones radicales nunca, las ramas se contraen hasta el límite y su autonomía se vincula a la capacidad de adaptarse. Cuando llueve la bonanza cogen volumen y brillan como si hubiesen fertilizado sus raíces. Un espejismo. Qué pasa cuando el universo está plagado de Rosas de Jericó, fácil, la radicalidad es un vicio, un extremo indeseable. Se apela a la transigencia, al consenso, a la negociación, a la buena voluntad, a lo que diga o piense la mayoría. Trampas para forzar la sequía generalizada. Mal de muchos.
Miren como el diccionario deja en ridículo a los pactistas, transigir es consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero. Como decía el poeta italiano Arturo Graf no tardará en transigir con el fin el que está dispuesto a transigir en los medios.
Si les califican de radicales e intransigentes, agradezcan el piropo.