La
ministra de Sanidad es una somormuja. Según mi léxico materno este pajarraco
es emblema de los que las matan callando. No hace ruido, nada de declaraciones
grandilocuentes como el ínclito Wert o los ministros económicos, es de la
cuadra plasmática, hierática pero figurante en todas las listas de sobresueldos
ensobrados, ex de un mangante gurteliano, le llenaron la casa del confetti y de un flamante Jaguard y ella como quien oye llover. Somormuja arrapada a la estructura del
partido y siempre en las quinielas de los puestos que arrojan pingües
dividendos. La Mato (léanlo en cualquiera de los sentidos) ha intentado a
última hora, de medio lado, sin que se sepa, introducir una modificación en la
LEC. Parece que se ha dado cuenta de que eso de la violencia de género es un
problema que atañe a su ministerio (aleluya, gloria a la ministra despierta) y
que no iría mal hablar de igualdad en las relaciones entre sexos en la asignatura
alternativa a la religión (sí, sí, esa que Gomendio, la de los quince millones
de euros de patrimonio, dice que es una pérdida de tiempo). La Mato (insisto en
la libertad de interpretación) pretende que aquellos alumnos sin culto (no los
que leen Cásate y sé sumisa en la clase
de Religión) se les dé un capa de pintura mínima para que no vayan por el mundo
abusando de sus parejas. Lo considera de una importancia tan vital que hasta el
último trámite parlamentario no había pensado en ello y todavía no ha
conseguido el beneplácito del bíblico Wert que bautizó la ley con una cita del
Eclesiastés en el Parlamento de una nación cada vez más laica: “Ha acabado el tiempo de destruir y comienza el de construir”. Olé
tus bemoles, ministro visionario.
El
día me lo acaba de amargar el triste Zapatero (me recuerda a los cuadros del
Greco, no me pregunten por qué). Ha sacado libro, competencia directa de Aznar
y de Solbes, ahora que ya no se puede hacer ná de ná nos explica la solo que se
sintió teniendo que obedecer las órdenes de los devoradores comisarios de la
Unión Europea que le exigieron austeridad para afrontar una crisis que no
existió (él sigue erre que erre defendiendo los excelentes números maquillados
de la España Champons League). Por lo que parece el librito no es de memorias, es una hagiografía
(vida de un santo). Una periodista le pregunta sobre qué sería lo que
recriminaría a Rajoy en sus dos años de presidente, qué le ha dolido más. No
crean que se refirió a la sangrante reforma laboral (3% de bajada de salarios y
2% de aumento de los beneficios empresariales), ni a los recortes en sanidad y
educación, ni a la vergonzosa restricción de derechos democráticos. El
expresidente triste, sin despeinarse las cejas, sin rubor ni pavor, respondió
que lo más lacerante de la era Rajoy ha sido la supresión de la asignatura
Educación para la ciudadanía. Lo mato.
A ver, Jordi. Esto no tiene remedio. Estoy con usted, para matarlos.
ResponEliminaLos de un lado y los de otros, es un tema de privilegiados (chupópteros) y otros.
ResponEliminaYo les les llamo "La cofradía de la cosa de colores".
ResponEliminahttp://aulaadriana.blogspot.com.es/2013/07/la-cofradia-de-la-cosa-de-colores.html
El drama es, ¿cómo desterrarlos?
Saludos.