dilluns, 13 de juliol de 2015

RECETANDO MAESTROS/AS

Las nuevas fórmulas educativas permiten trascender a la presencialidad y a los vestigios de la historia del saber en el que los profesores eran los depositarios de la llave (únicos en muchos casos). La relación alumno-profesor estaba marcada por una dinámica teñida de dependencia. Ya no. Los alumnos disponen de fuentes de conocimiento para hartarse. 
¿Pueden entonces despedir a sus profes? Sí y no. Sí a todos aquellos que quieran seguir siendo propietarios del agua que se escurre por entre las manos, aquellos que quieran enaltecer su disciplina sin más argumento que el monopolio. No a todos aquellos que se conviertan en prescriptores de islas donde los alumnos pueden buscar sus propios botines. Ya no hay que vincular profesor a aula, las videoconferencias o los chats o los whatsapps han erigido un nuevo espacio educativo inagotable, ubicuo, multiforme. Los límites los marca el acceso a las nuevas tecnologías (que no es poca frontera). 
Los dueños del rebaño quieren seguir con la estabulación alienadora, es lógico, en las escuelas, institutos o universidades se puede controlar mejor, los curriculums sagrados, los funcionarios domesticados, los raíles perfectos para que la noria gire sin disturbios. También tienen otro pie en las nuevas fórmulas para no perder beneficio. Ya saben que ando enfrascado en la liquidación del monopolio educativo, voy dando pasitos cortos y sin brújula.



Auguro que en el futuro líquido los profesores serán recetadores de Maestros. Yo pongo mi primera piedra con la construcción del modesto proyecto titulado MAESTROS Y MAESTRAS IMPRECINDIBLES. No tiene más afán que ser una fuente donde se pueda saciar la sed. Presento al Maestro (su nombre) y una cita significativa de su saber. Lo demás, que lo ponga el alumno (yo lo soy también), que busque y rebusque a su antojo, no le costará demasiado con ayuda del gran Google y de su curiosidad. No hay niveles, ni matrículas, ni objetivos, el alumno se acerca al Maestro y lo conoce. Para otorgar la condición de Maestro o Maestra he establecido unas condiciones imprescindibles:

Alguien que tiene algo que decir. Alguien que sabe de lo que habla. Alguien que abre una puerta con lo que dice. Alguien que ha aprendido y que sigue aprendiendo. Alguien que enseña. Alguien que comparte lo vivido. Alguien que dona lo sabido. 

Los dos primeros son poetas. Joan Margarit y Chantal Mallard. La poesía es verdad y creo que en este mundo tan turbio son necesarios, ¡imprescindibles!, buscadores de verdad.

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