dimecres, 19 de juny de 2013

RECURSOS HUMANOS



Hay vocablos que solemos utilizar muy a la ligera. A la que uno chilla reclamando sus derechos o en una de esas tertulias que se miden profundidad de los argumentos en decibelios alguien se pasa un poquito de la raya, ¡zasca!, siempre sale el iluminado de turno que espeta a quemarropa:

-          - ¡Es es un comportamiento propio de los nazis!

Los historiadores estamos en este mundo para poner las cosas en su sitio. Que sepan ustedes que los nazis eran gente como usted y como yo (insultos, abucheos, chiflidos, lanzamiento de objetos contundentes, exclamaciones de incredulidad….). Si no se lo creen lean el libro del historiador francés Fabrice d’Almeida titulado RECURSOS HUMANOS (Alianza). Ha indagado sobre las intimidades de los carceleros de los grandes campos de concentración de judíos y nos abre las puertas de una doble realidad.



Para los guardias, Auschwitz era un destino más bien agradable, pues había una pequeña ciudad colonizada por los alemanes con un cine, burdeles, cafés y restaurantes y una pequeña residencia en el bosque a la que podían ir. Muchos daban largos paseos en la zona protegida del campo que se extendía 27 kilómetros cuadrados. Hacían turismo asimismo en las grandes ciudades de los alrededores. En contraste, el trabajo era a menudo penoso, con un campo sucio, detenidos enfermos a los que había que evitar, es por ello que imaginaron el sistema de los kapos, los prisioneros que vigilaban a los prisioneros”. 

Los 40.000 guardianes del régimen nazi no eran escoria, era tratados como un cuerpo élite con la intención de “sostener la psicología de los soldados y los guardias de manera que no se les hiciera penoso cumplir sus tareas genocidas”. ¿Qué maquiavélico, no? Nuestras mentes empiezan a imaginar que en la cumbre de esta organización exterminadora debía haber una lumbrera. Y viene el premio Nobel Vargas Llosa y tilda a Adolf Eichmann (mano derecha de Himmler) de Hombre sin cualidades (no me pregunten por qué mi mente ácida y perversa se atranca en la cara de Montoro, Floriano, Aguirre, Draghi…). El punto de apoyo de su calificativo son las investigaciones que Hannah Arendt realizó en torno al juicio celebrado en Jerusalén en 1961 contra el genocida nazi.

 Mediocre pobre diablo, fracasado en todo lo que emprende, inculto y tonto, que encuentra de pronto, dentro de la burocracia del nazismo, la oportunidad de ascender y disfrutar del poder. Es disciplinado más por negligencia que convicciones, un instinto de supervivencia abole en él la capacidad de pensar si hay en ello algún riesgo, y sabe obedecer y servir a su jefe con docilidad perruna cuando hace falta, poniéndose una venda moral que le permite ignorar las consecuencias de los actos que perpetra cada día (como despachar trenes cargados de hombres, mujeres, niños y ancianos de todas las ciudades europeas a los campos de trabajos forzados y las cámaras de gas)

¿Qué características tienen los jefes de recursos humanos que nos machacan con sus recortes? No les será difícil encontrar algunas sincualidades eichmannianas. Mientras descubrimos el tráfico de sobres con sobresueldos millonarios nos invitan a la austeridad. Después de gasear a los judíos jugaban una partidita de ping-pong o se pegaban un bañito en la piscina del campo de concentración.
Tres meses después del juicio a Eichmann, Stanley Millgram, psicólogo de la universidad de Yale, inició una serie de experimentos cruciales que culminaron en el descubrimiento de las bases científicas de lo que podríamos llamar OBEDIENCIA CIEGA  (él habla de ESTADO AGÉNTICO). Les dejo con el documental EL JUEGO DE LA MUERTE (actualización de experimento insertándolo en el medio televisivo)


Vayan investigando porque nos va la vida en ello, hay que conocer a los enemigos para poder desactivarlos. Y vamos tarde.

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