dilluns, 16 de setembre de 2013

EN CAPILLA



Luis Miguel Dominguín, gran matador de toros (y padre de Miguel Bosé) no creía en Dios pero antes de cada faena visitaba la capilla de la plaza de toros correspondiente. “No rezaba pero realizaba un acto de intimidad, de concentración y de última serenidad antes de entrar en la arena”.
Escribo este post mientras que me encuentro en capilla, o sea, un par de horas antes de estrenarme, o sea, a punto de enfrentarme a un nuevo curso académico. El morlaco (metafóricamente los adolescentes que me sufrirán) ya están en sus puestos, sentaditos en sus mesas, afectados por el ciclón del verano y con miles de intenciones que no pasan por atender lo que un servidor vendrá a contarles. Ese es el pitón que amenaza a un metro de mi traje de luces. Copio al Maestro Dominguín y me enfrento a estas líneas para encontrar la última serenidad que como una clave de sol debe marcar mi práctica docente a lo largo del curso. Obviamente me pasaré las programaciones por los bajos fondos y me entregaré a aquello que considere más oportuno en cada momento, creo que hace unos siglos le llamaban libertad de cátedra.
Todavía estoy conmocionado por la actuación de Juan Diego Botto en la obra teatral (escrita por él mismo) Un trozo invisible de este mundo.  

A una magistral interpretación une un compromiso con aquello que representa. Un cínico xenófobo que el graderío detestó en silencio, un desesperado inmigrante argentino que hizo sufrir al tendido con los equívocos que provocaba la comunicación telefónica con su mujer a la que no veía desde hacía seis años, una inmigrante africana (interpretada también magistralmente por Astrid Jones) que es engañada sistemáticamente en la tierra prometida, un preso argentino que delata a sus compañeros revolucionarios para sobrevivir y una escena final en la que pone patas arriba toda nuestra comodidad.
Desde esta íntima capilla antes encuentro la serenidad para guiar mi camino educativo de este ejercicio: no aburrir (lean con atención la entrevista en La Vanguardia de mi inspirador) y dar que pensar.
Suerte y al toro.

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