dilluns, 23 de setembre de 2013

SÍ, SEÑOR MINISTRO



Todos los políticos no son iguales. Ni todos los profesores, ni todos los seres humanos. Muy perniciosa es esa igualdad que intenta escabullir responsabilidades igualando en lo malo a todos los miembros de un determinado grupo. Hoy me ocuparé de los ministros. No todos los ministros de Educación son iguales, no pretenden lo mismo. Wert es el rey de los despropósitos, ni siquiera entraré en su gestión política (de la que discrepo y mucho) y me centraré en su talante (sí, ya sé que es una palabra proscrita). La chulería con la que afronta la crítica, la altanería de mesías de todo a cien en sus declaraciones o la cerrazón de no escuchar a los ciudadanos (y a la comunidad educativa) a la que gobierna, lo descalifican como ministro.
Su predecesor, Ángel Gabilondo (hermano del periodista), es un tipo diferente. No defenderé su gestión al frente del ministerio de Educación que creo que tampoco fue memorable, pero es un intelectual (porque piensa y mucho) que honraba el cargo para el que fue designado. No me gustan los gestores sin más, los mal llamados tecnócratas, los que quieren disimular su ideología con balances y números rojos. No me gustan los sectarios, mal llamados hombres o mujeres de partido, que gobiernan para ganar las próximas elecciones. Me gustan los políticos y gobernantes que tienen altitud de miras y espíritu valiente. ¿Qué no existen? Yo creo en Gabilondo (no en el PSOE). Y lo creo porque sigo habitualmente sus post en su blog EL SALTO DEL ANGEL.
En estos momentos que los profesores baleares (con dos bemoles) se han plantado frente a la tiranía de los que desprecian su labor, necesitamos de Maestros con mayúsculas que nos guíen a los maestros de a pie de aula a no desfallecer en el marasmo de la burocracia y de los capciosos que con el miedo nos quieren convertir en títeres. Lean al mi ministro preferido y juzguen si les puede valer.

Es imprescindible aprender. Nunca hemos de dejar de hacerlo, es tarea de toda una vida, hasta el punto de que cesar de aprender es el máximo envejecimiento, el definitivo. Pero conviene no olvidar que es decisivo enseñar, que alguien enseñe, que alguien nos enseñe.
Aprendemos de múltiples modos y maneras, pero esta variedad no significa que hayamos de desestimar la compañía, la complicidad, la proximidad de quienes nos facilitan, nos procuran, nos acercan, nos posibilitan saber. Podemos intentar engañarnos subrayando que el saber está ahí, al alcance de la mano, que basta hacerse con él, como si se tratara de una noticia o de un objeto, para ser tomado, atrapado, conquistado, consumido. Pero saber requiere toda una incorporación, una apropiación, no es una toma de posesión.
Nunca olvidamos a quien nos enseña bien lo que es verdadero y bueno. Nos inicia en una forma de relación con lo sabido, para que sea parte constitutiva de quienes somos. Es cierto, se insiste, “hay que aprender a aprender”, pero no hemos de olvidar que hay que enseñar a aprender. Alguien ya dijo que enseñar es dejar aprender. Y ese dejar no es una pasividad, es una creación de posibilidades propias para cada cual, apropiadas.  En realidad, ello distingue al buen profesor, al buen educador. Tener un maestro, disfrutar de la dicha de un buen maestro es un regalo de la vida y hemos de reconocerlo con agradecimiento y con sencillez. Lo hemos necesitado y lo necesitamos.
La proliferación de formas innovadoras, de nuevas tecnologías, de procedimientos de aprendizaje, de nuevos instrumentos, escenarios, entornos y posibilidades, la fecunda remisión a las competencias y a las habilidades, no han de hacernos olvidar la extraordinaria importancia de quienes tienen más que ofrecernos, por sus conocimientos, por su experiencia, por su preparación, por su formación, por su pasión.

2 comentaris:

  1. Hace un mes encontré a un buen maestro mío ( me dio clase en plena adolescencia). Casualmente ahora, después de 35 años, nuestra ideología, aficiones, intereses, actividades...son muy parecidas. Hace un mes, le dí las gracias por ser importante para mi vida, siempre tuve un recuerdo muy especial de él y de sus enseñanzas.
    Besotes

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