dijous, 5 de desembre de 2013

ASTRONOMÍA



Estas fechas se me repiten. Parece que cuando llega la Navidad (en un estado laico, no se olviden, con tradición judeocristiana, no se olviden tampoco) se azucare la realidad y nos invada un insufrible deseo de ayudar a los demás. Diez meses del año son propicios para la competencia feroz y el sálvese quien pueda, pero a la que llegamos a las inmediaciones del nacimiento del Niño Dios, se nos ablandan los corazones y nos envolvemos en la capa más generosa. Amén (y que te den).
El pasado fin de semana se hizo una recogida masiva entre la población para llenar los depauperados bancos de alimentos. Conozco a varios personajes que día tras día amargan la vida de sus prójimos más próximos pero que no faltaron a la cita gregaria con la bondad colectiva. Cómo oponerse a la solidaridad en abstracto, imposible. Cómo se prostituyen las buenas intenciones enmascarando realidades turbias, también.

En pocos días se liará una gorda con la TeleMaratón de TV3 dedicada a las enfermedades degenerativas. La recaudación de fondos será espectacular, los confetis cayendo del cielo mientras una cifra astronómica parpadea en un plafón electrónico para satisfacción de los organizadores y redención de los pecados de todo el que suelte la mosca. Yo, respondiendo a la acidez que me caracteriza, pienso en el también astronómico sueldo del director de TV3 (gana más que el presidente Mas y que el presidente de la Corporación Audiovisual a la que está adscrita la cadena autonómica). También me da por pensar (qué rebuscamiento) en las astronómicas dietas de los consellers de la Generalitat que con la remuneración de un par de sesiones en la butaca de un consejo de administración de una empresa pública se podrían llenar cientos de carros de comida o pagarle el sueldo a algún becario. Y siguiendo por la cuestión científica (por la astronomía lo digo), me revuelve el estómago la astronómica guindada de Millet con el Palau de fondo y la de laboratorios que podrían investigar el Alzheimer con la pasta que sustrajo el amparado poseedor de la excelsa medalla de Sant Jordi (no era un cualquiera). Puestos a mirar las estrellas con precisión también presupuesto imaginariamente lo que rentarían las astronómicas comisiones que cobra la Caixa (¿obra social?) por cada operación. Cierro la lente del telescopio y me acuerdo de los astronómicos recortes que se han hecho en investigación científica y educación, en las astronómicas carencias que sufre la gente que padece enfermedades degenerativas y sus abnegadas familias (qué vergonzosa aplicación de la Ley de Dependencia). Y pienso que es astronómico el cuajo con el que nos dejamos deslumbrar por una buena voluntad sospechosa.
Yo pago mis impuestos (qué es ese abucheo generalizado) y quiero (y exijo, me cago en todo), que se destinen a lo que se tienen que destinar para que la solidaridad empiece donde no llegan mis impuestos. No quiero que lleguen a los bolsillos B de tripones con carné político, ni a agencias de espionaje, ni a delincuentes de camisa de seda que se aprovechan de la despreocupación general y de la indecencia del sistema. 
No me gusta la limosna, ni los gestos cara a la galería, ni la redención de los pecados.

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