dimarts, 17 de desembre de 2013

EMBUSTES Y CONTRAEMBUSTES



La verdad sobre los Reyes Magos de Oriente se camufla entre los regalos que carretean los esforzados camellos con la benéfica intención de preservar la ilusión de los niños. Es la primera gran mentira social (en el ámbito judeocristiano). A los cuatro o cinco años ya hay chivatos que empiezan a joder la marrana y a malmeter voceando a los cuatro vientos que los reyes son los padres. El mosqueo está servido. Unos niños indagan en la duda y otros miran sin ver. A los ocho o nueve años las pruebas contra los farsantes que usurpan el papel de los tres regaladores son más contundentes que las de Bárcenas y los Gürtel, pero un buen grueso de niños interesados siguen contreembusteando a los que pretenden sacarles de su ignorancia interesada. Cuando las evidencias no se pueden camuflar con otras trolas, aparecen los padres ingeniosos que se invisten de embajadores de los Reyes de Oriente, brazos ejecutores nada más. Como han sido pillados con las manos en la caja del Scalextric o de la Barbie argumentan a orejas proclives a la mentira que los accionistas verdaderos del regalo siguen siendo los fascinantes Reyes y ellos unos intermediarios (interesados). ¿Y el rollo del carbón? Otro embuste para condicionar el comportamiento de los infantes, seguro que el Fraguel Montoro se lo ha copiado para reducir a los que le critican.
Siguen pasando los años para los engañados y se encuentran de nuevo con otros Reyes, éstos campechanos y modélicos. Y se los creen. No investigan las amistades peligrosas con el anterior jefe del cortijo que les dejó el trono en herencia. Secuaces bien adiestrados (y mejor alimentados de prebendas) les maquillan las vergüenzas en el golpe de estado fallido. Las mentiras tienen las patas muy cortas, y de un tiempo a esta parte los Borbones Magos no ganan para carbón, perdón, para producir mentiras. El boquete que les han hecho en la corona la pareja Urdan-Cristina es bonico, los devaneos de la Corinna y los elefantes qué decirles, suerte que el apuesto Felipe y la abnegada Sofía meten debajo del felpudo toda la mierda.

Las últimas mentiras me han soliviantado, lo admito. Yo los dejo tranquilos, asumo la pasividad global que permite que estén viviendo en la bicoca eterna, pero por favor les pido (y si tengo que ponerlo en una carta y entregársela a los pajes, lo haré) que no me tomen el pelo, que no agredan mi inteligencia con sandeces intolerables. No han tenido otra ocurrencia los brutos asesores de la Casa Real que crear un apartado infantil dentro de su web que tiene un lema que es un choteo: “Bienvenidos a vuestra casa. Medio país desahuciado y los dos privilegiados supremos invitándonos de boquilla a su chalet. Si se invita, se invita, que la abran de par en par y que alojen en sus estancias al que lo pida. Yo me pido el despacho para grabar un mensaje de navidad que seguro que tiene más audiencia que el soseras de cada año.Si le falta aliño al real despropósito no se pierdan la entrevista con motivo de su 50 cumpleaños de la infanta Elena, una chica que en directo no junta tres palabras con sentido y en la entrevista reflexiona sobre lo humano y lo divino en el marco de lo políticamente correcto.  
 

Váyanse a cagar que diría mi venerado Rubianes.

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