dilluns, 10 de febrer de 2014

DESFACIENDO ENTUERTOS



Hierón II, tirano de Siracusa, andaba con la mosca detrás de la oreja porque creía que un orfebre le había timado en la fabricación de su corona. Supongo que los reyes tienen un sexto sentido en el parietal o en el frontal para detectar la densidad de lo que les da el poder. Sospechaba que le habían metido plata (preferentes) por oro puro. Encargó a Arquímedes (pariente suyo) que desfaciera el entuerto (expresión quijotesca que significa resolver problemas).
Arquímedes y yo compartimos vicio: la ducha. A mí cuando me cae el agua  por la cabeza se me aclaran las ideas y encuentro resquicios que me conducen a la resolución de mis entuertos. Parece ser que mientras el matemático griego chapoteaba en los baños públicos pegó un grito descomunal alarmando al personal. ¡Eureka! (Lo he encontrado). Yo suelo rezongar un Me cago en la leche más castizo. 


Arquímedes había entrado en una tina para relajarse y comprobó que su inmersión desalojaba una cantidad de agua que fue a parar al suelo. Ligó cabos y concluyó que para averiguar el volumen de un objeto con forma irregular se podía sumergir en un fluido en reposo y recoger el agua que desplazaba. Al dividir la masa de la corona (construida de forma deshonesta) por el volumen del agua desalojada se obtenía la densidad, en el caso de la corona fraudulenta inferior a la que tendría si fuese de absolutamente áurea. Moraleja: orfebre corrupto al patíbulo (casi igual que ahora) y Arquímedes saltando en pelotas por Siracusa celebrando un principio por el que sería recordado eternamente.
Vamos a aplicar el principio de Arquímedes a asuntos domésticos. Si sumergimos todo el caso Nóos en una bañera desalojará el volumen de poder que tiene la monarquía en España. Y estimados lectores, no es poco. Cada titular, cada declaración, cada mail, cada mensajito de Navidad, cada gesto de aproximación al populacho, nos desaloja un volumen de ignominia considerable. La densidad de la docilidad de este país es de mejor calidad que la de la corona de Hierón II. El cambalache que supuso la monarquía como puente necesario desde la dictadura ha mantenido en la jefatura del Estado a un orfebre deshonesto que ha jugado sus cartas (23-F) para perpetuar el engaño. Poco a poco, a golpe de elefantes muertos y resbalones inoportunos los descendientes de Arquímedes empezamos a tener datos suficientes para pronosticar la desaparición de tamaña incongruencia con los tiempos en los que estamos.
Aporto mi litro de agua desalojada para gritar con fuerza ¡Viva la República!

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