dimarts, 4 de febrer de 2014

EL QUÉ Y EL CÓMO



Yo, de pequeño, era un monillo de feria. Mi madre era la instigadora del espectáculo. Me pasaba el día entre cromos de jugadores de fútbol. Además de montar unos partidos del copón (en los que siempre ganaba el Espanyol) y narrarlos con el énfasis de mi adorado Fernández Abajo, sabía identificar sin riesgo de error a todos los jugadores de Primera división. 


Vaya cosa pensarán los precipitados, no se impacienten, aquí llega mi habilidad: yo los identificaba simplemente con que se me dejase ver un poco de su pelo, del verde del estadio donde se hicieron las fotos o de la botas del futbolista. Con dos cromos obstruyendo la obviedad, quedaba una franja de menos de un centímetro con la que debía lidiar mi memoria visual para reconocer al interfecto. Cardeñosa (el del gol fallado ante Brasil en el Mundial del 78) era  el más complicado. Durante un año coseché elogios entre las visitas, un qué cosas tiene este chiquillo era suficiente medalla para mi ego.
¿A qué viene este derroche de nostalgia? Cosa de Yaacov Hecht, un guru pedagógico israelita que se encuentra en el mismo nivel que el graciosillo Ken Robison o el inteligente múltiple Howard Gardner. Como afirma el periodista Lluís Amiguet en la entrevista que le hizo ayer en La Contra de la Vanguardia, “uno de los que han superado la vieja pirámide educativa de células huecas que transmiten conocimiento de arriba abajo”. Según Hetcht a las empresas actuales más punteras les interesa qué saben hacer sus futuros empleados y lo que es para mí más novedoso, cómo lo han aprendido. ¿Cómo? “Porque revela si será usted capaz de seguir aprendiendo por su cuenta para estar siempre en vanguardia”. Lo que aprendieron en la universidad es el pasado, un retrovisor cojonudo pero que no sirve para otra cosa que para mirar hacia atrás. La carretera superada es interesante, puede que no difiera sustancialmente de la que nos espera, pero a la primera curva, hostia que te crió. Cómo lo aprendieron es una luna delantera limpia y despejada que puede conducir directamente a la semilla de la innovación.
¿Y el rollito de los cromos dónde encaja? ¿Tu vanidad? “Encuentre la cualidad que le hace diferente y cultívela” receta el avispado Hecht. El reto es convertir la cualidad en forma de subsistencia. La memoria visual me permite recrear espacios, personajes, climas escénicos. La verborrea que desarrollé en los partidos que jugaban mis cromos (manipulados por mi mano interesada en que ganase mi equipo) junto a los conceptos que aprendí en todas las clases de lengua a la que asistí en la enseñanza reglada más la pasión que me produjo la lectura de Cien Años  de Soledad, la he canalizado para escribir estas líneas que espero que sean de su agrado. 
El qué y el cómo.

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