dilluns, 3 de febrer de 2014

LA MUERTE DEL HOSCO Y LA DUDA



La guadaña afilada corta cabezas a troche y moche. En un finde se ha llevado por delante a dos personajes que merecen una reflexión. Uno nacional y otro foráneo.

Luis Aragonés, alias Zapatones, el Sabio de Hortaleza, el inventor de la Roja, murió de leucemia a los 75 años. Es pisar el otro barrio y las alabanzas y los elogios llueven sobre tu persona torrencialmente. Yo he tirado toda la paja (periodística, eh!, que no está el  horno para confusiones) y me he quedado con un adjetivo que me parece definitorio del futbolista y posteriormente entrenador de un gran número de equipos (sobre todo de su Atleti) y de la selección nacional. HOSCO. Huraño, áspero, desagradable, poco acogedor. Esa era su imagen. Un pelo descuidado y sesentero, unas gafas generosas en vidrio, un hablar poco fluido y cazallero. Encuentren las mil diferencias con Valdano o Guardiola. En el negocio del futbol moderno (Circenses) de esta España postmoderna se requiere a los protagonistas del show que sean duchos en el verbo fácil y que se vistan a la moda. Hay que embadurnar el postpartido de sentencias hueras y chaquetas caras, para que los criachuelos sueñen con pertenecer a la élite más fashion.
Luis registró titulares poco edificantes, el enardecimiento barriobajero con el que quiso provocar a Reyes “dígale de mi parte a ese negro que usted es mejor que él” (refiriéndose a Henry) le puso en la boca el carné del KKK. Menuda tunda se llevó el hosco. La no convocatoria de San Raúl o los traqueteos a Samuel Etoo le valieron editoriales hoscas de periódicos deportivos y no tan deportivos.  Jugadores y colaboradores que se codearon con él alegan en su descargo su franca sinceridad, su forma directa de atajar los problemas (decirle a Romario que le mirase a los ojitos era un desafío), su honradez y coherencia (lo certifica su apoyo a los jugadores en el motín del Hesperia en todo un Barcelona) o su capacidad de adaptación (el rey del contragolpe que cambia de táctica cuando tiene los jugones bajitos y se lleva la Eurocopa del 2008). Bajo la capa de hosco escondía un cachondo, sus chascarrillos eran de una intensidad desternillante. Xavi, usted no es japonés, usted (siempre trataba así a sus subordinados) entiende lo que le digo. Casillas, no me mire con la cara que ponen las vacas cuando pasa el tren. Lástima que la muerte siempre sea la que tenga que hacer justicia.

También ha caído, mejor dicho, se ha tirado al joyo, el actor Philip Seymour Hoffman. En mi memoria siempre quedará su brutal interpretación en la peli La duda. Me sumo al crítico de La Vanguardia Pedro Vallín que rastrea por las teorías de Hitchcock sobre la irrompible relación entre el físico de un actor y los papeles que puede interpretar. La naturaleza  pelirroja y albina de Seymour era perfecta para dudar del padre Flynn. La mala baba de Meryl Streep (soberbia) lo condenó desde el principio, la meliflua hermana James lo salvaba y lo absolvía columpiándose por la duda y al espectador lo traía a mal traer porque en cada secuencia dejaba destellos de un horrendo pederasta o de un magnánimo párroco preocupado por los malos tratos de un chico negro.
La aparición de Philip Seymour Hoffman en una película era sinónimo de calidad, no había duda.

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