dilluns, 26 de gener de 2015

LA FAMILIA MAL, GRACIAS



Detrás hay una familia. Es un mantra sagrado para gran cantidad de tutores escolares. Quien tiene un alumno con familia detrás (tradicional se supone) tiene un tesoro, el lío y el caos se produce cuando el alumno es un producto de lo que se llama una familia desestructurada u otras tipologías más novedosas. Los profes estaban acostumbrados a que donde no llegaba la escuela (el niño se porta mal), llegaba la familia (castigo que te crió). Pero qué pasa si se pierde esa referencia y las termitas corroen uno de los puntales sociales. Disputas entre cónyuges, custodias y líos logísticos, sentencias de divorcio encima de la mesa de las entrevistas. Fin del apoyo y principio del conflicto. Entonces aparece la nostalgia por las pizarras de tiza y el integrismo familiar aparece como un clavo ardiendo al que aferrarse en el caos. Cualquier tiempo pasado fue mejor pero imposible que retorne. 

El recién fallecido sociólogo Ulrich Beck y su esposa Elisabeth tienen un libro que sirve para explicar la dualidad en que nos movemos. El normal caos del amor (Ed.Paidós). Me lo he chupado enterito este finde aprovechando los estragos de la gripe. El matrimonio sufre actualmente escarnio e idolatría en proporciones similares. Los datos de los divorcios aclaran la primera parte. Sin duda la carcoma familiar come de un multiproceso inexorable que tiene tres trilladoras potentes: la individualización personal generalizada (tenían razón los que apuntaban que los cónyuges no aguantan nada, por qué iban a hacerlo si hay soluciones para aspirar a una situación mejor), el proceso de emancipación femenina (la familia tradicional se sustentaba en una profunda desigualdad que ahora es poco justificable) y las exigencias del mercado laboral (desde los horarios hasta la flexibilidad geográfica). La pedagogía moderna también lanza una lluvia tóxica sobre el matrimonio, las exigencias y condiciones que exige la paternidad/maternidad guiada por el “proceso óptimo” (lo mejor para el niño) limita las posibilidades económicas de la sociedad conjunta y supone la imposición de obligaciones que hacen casi imposible la inversión en carnalidad erótica y ocio compartido que anuncian la estación término del hastío cotidiano. ¡La convivencia mata la pareja! Los cónyuges notan que se les escapa la vida y las termitas de la individualización empiezan a corroer con fuerza el edificio sólido que mantuvo los matrimonios pasados. Aunque las estructuras (religiosas, políticas, económicas, sociales) surgidas de las revoluciones burguesas industriales siguen incondicionalmente dando aliento al matrimonio tradicional, lo citan como ejemplo, le dan subvenciones y le profesan un cariño indisimulable, las termitas siguen dándose banquetes de realidad incuestionable que anuncia el principio del fin de una época de esplendor familiar.
El matrimonio Beck se sorprende de que los desertores del matrimonio tradicional (divorciados) no huyan despavoridos de la fórmula, más al contrario, crean una nueva religión vinculado al amor pero combatiendo enérgicamente las mentiras del amor romántico que eran útiles como pegamento en fases pretéritas pero que ahora no se pueden tragar ni con zumo de frutas tropicales. Buscan una verdad igual que otras religiones, los dos amantes se establecen en sacerdotes y códices de la creencia y buscan una transgresión que les aleje de otras termitas amenazantes.
En las épocas de cambio conviven las tendencias, a veces parece que nada se mueve y en un segundo los muebles pierden la estabilidad y se produce el batacazo descomunal.

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