dijous, 15 de gener de 2015

UN MACHO CON MUCHAS CARAS



Los avances de las mujeres (lentos, todo hay que decirlo) han disgregado la unidad del mundo masculino. La unanimidad ha sido sustituida por un variopinto collage de tipologías de machos que danzan por el mundo con sello de identidad reversible y mutante. El espectro que se ofrece es amplísimo, desde el recalcitrante espécimen que quiere a su hembra atada a la pata de la cama hasta en el extremo opuesto el que participa activamente (sin reservas ni espacios tabú) en la lucha por la igualdad de derechos entre los dos géneros. Todos respiran el mismo aire y conviven en la misma escalera. Trabajan juntos, comparten las extraescolares de los vástagos o juegan en el mismo equipo de fútbol sala. Votan al mismo partido político y compran el mismo champú. 
Todo se complica cuando en el carnaval cotidiano eligen una u otra máscara, desfilan con la de las creencias (lo que piensan), la de lo políticamente correcto (lo que dicen) o la de la estricta realidad (lo que hacen). Machos recalcitrantes que se expresan como aliados leales de lo femenino en la barra de un bar pero que actúan como bárbaros en la intimidad, machos aparentemente tolerantes que a la que se ven amenazados recuperan sentimientos ancestrales de propiedad aunque no quieran reconocerlo. Machos que no reaccionan hasta que la mujer le exige lo que es suyo y evolucionan para mejor o para peor depende de su formación, intereses y momento vital. Machos de muchas caras, el hombre contemporáneo (occidental básicamente) es absolutamente poliédrico. 

Sintiéndome un poco Félix Rodríguez de la Fuente los agruparía en tres grandes especies (en el fondo sigo  lo expuesto por Luis Bonino en Los varones frente al cambio de las mujeres)

1) los contrarios a los cambios de las mujeres
2) los favorables a los cambios de las mujeres
3) los ambivalentes frente a los cambios de las mujeres.

¿Y enfrente qué se encuentran? ¿Con quién se aparean? Aquí tiro de cosecha propia y de la técnica del espejo.

1) mujeres que mantienen el estatus de los hombres sin cuestionar su supremacía apelando a la biología o a conceptos históricamente válidos (en su mayoría religiosos)
2) mujeres que luchan denodadamente por llegar a una igualdad de derechos (estirpe de Lilith)
3) mujeres ambivalentes que quieren pero no pueden, pueden pero no saben, quieren pero no saben y otras casuísticas que las hacen bandearse de un lado para otro sin acabar de entrar en el grupo 2.

Metan en el mismo saco todas las caras del macho y todas las réplicas (sin connotación negativa sino de situación frente al poder del patriarcado) de las mujeres e intenten que este invento que se llama mundo funcione mínimamente bien. Difícil difícil.

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