dimarts, 16 d’abril de 2013

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO




Jorge Mario Bergoglio, alias Paco I, pertenece a la orden de los jesuitas. La Compañía de Jesús fue expulsada de Portugal en 1759 (por supuestamente instigar un atentado contra el rey), en 1762 de Francia (por supuestamente escándalos financieros en el marco de las luchas contra los jansenistas) y de España en 1767 (por supuestamente instigar el motín de Esquilache). No me pregunten por qué asocio conceptos, será cosa de la acidez que me corroe.
Vayamos de lo global histórico a lo particular educativo. Recortes a final del curso pasado, en mi departamento faltaban profes para dar horas de Sociales en Primero de ESO. El hambre con las ganas de comer, el profe de Reli, ese que paga el Estado y nombra el obispado, ése que no ha pasado ninguna oposición, que no tiene que defender ningún número como interino, es licenciado en Geografía e Historia. Un chanchulleo en la delegación comarcal y ya lo tenemos encajado en el sistema. 

Es un chico majísimo, solícito, implicado (cómo gusta esta palabra a los nuevos directores), se brinda en el recreo a dirigir juegos escolares con el rimbombante título de Juego y convivencia. Lleva todo el área de Mediación (o sea, ayuda en el tema de las expulsiones y otras cuestiones disciplinarias). Y todo con resignación cristiana. No manifiesta una opinión discordante en las reuniones de departamento ni en el claustro, supongo que su mano derecha no tiene que enterarse de lo que hace su izquierda. Como buen meapilas tiene algún pecadillo, el abnegado padre de tres hijos preciosos no da los buenos días. Vale… tampoco es para crucificarlo. El infiltrado de la secta más importante del mundo en la escuela pública de un estado supuestamente laico ha convertido nuestro departamento en un confesionario violando la intimidad de los profesores que lo habitamos. Les regala caramelos, chucherías, les ayuda en todos sus problemas, les escucha hasta la saciedad. No, tampoco merece ir al infierno por esa capacidad evangélica de ayudar al pobre y al descarriado (su jefe romano hace exactamente lo mismo). Al contrario, está a un paso de la beatificación en el instituto. Pero tiene la lengua larga. No, no hablo de sexo, hablo de tráfico de información reservada. Tengo pruebas fehacientes. He dejado caer comentarios críticos contra el equipo directivo y no han durado ni dos horas en volverme en forma de boomerang a mis oídos. 
        -Me voy a abstener en el claustro- le refiero perversamente en la soledad del departamento.
A las dos horas me dice una profe por los pasillos que la directora y el jefe de estudios están proclamando en el púlpito de la sala de profes que un funcionario no puede abstenerse en una votación de claustro por ser un órgano colegiado.
Mis conexiones históricas dispararon mi hilaridad cuando leí el periódico el domingo. Los directores como jefes de personal plenipotenciarios. Obviamente no habrá color a la hora de decidir entre san Profe de Religión y yo. Mi curriculum es poco adecuado en los tiempos de docilidad que corren, incomoda que quiera siempre ir contracorriente, obviamente la directora preferirá profes más identificados con su proyecto de dirección, más idóneos. O sea que me veo exiliado a un centro en el que recojan a todos afectados por el sentido crítico y el pensamiento libre. Amigos, a la edad que tengo ya no me arrodillo porque me aprieta la artrosis. Si la censura y la inquisición no lo evitan espero escribir Voz Ácida esperando a LaChalotais también.

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