dilluns, 1 d’abril de 2013

ORIENTAR DESORIENTADOS



Activen la función cerebral Imaginación (opcional la música de Lennon). Sitúense en medio del desierto, con una tormenta de arena del copón y sin brújula. ¿Sí? Treinta morlacos/as (adolescentes) pidiéndoles la salida del atolladero, necesitan saber dónde se matricularán el año que viene. Plazas limitadas y condiciones defectuosas. La cuadratura del círculo. Desactiven la función Imaginación y activen la de Virgen de los Imposibles.

Pongamos los puntos sobre las íes, o lo que es lo mismo, descifremos las metáforas. ¿Por qué el desierto? Porque el mundo laboral está un poco así, por muchos brotes verdes que quiera ver la ministra de Trabajo (básicamente para no quedarse también en paro) no hay profesión que se resista a la crisis y sus recortes. Sigamos. La tormenta de arena nos la explica perfectamente sir Ken Robinson en su archiconocida conferencia La escuela mata la creatividad.
Dice el dicharachero conferenciante que la mayoría de empleos que ocuparán nuestros alumnos están todavía por inventar. Nosotros tuvimos un mundo más estable, muchos nos dedicamos a esto de la domesticación de adolescentes porque tuvimos un domesticador que nos sedujo tanto que caímos de cuatro patas en la profesión. Otros porque vieron a su padre notario (menudo chollo), bombero o policía. La madre o la tía o la vecina bióloga, abogada o corredora de bolsa fueron la flecha que marcó el camino. ¿Cómo se pueden apasionar nuestros pipiolos de algo que todavía no existe? ¿Llueve arena o soy un exagerado? El último factor a analizar es la brújula. Aunque las dunas parezcan todas iguales, aunque la ventisca no nos deje ver más allá de un par de metros, el aparatito que marca siempre el norte puede sacarnos del entuerto. La brújula está dentro de nuestros alumnos, marca sus pasiones y sus capacidades, sus habilidades adquiridas o innatas y sus sueños. La mezcla de ambos componentes que era la fórmula ideal para la orientación profesional hace unos años ahora marca un norte incierto.

-          -Papa, yo quiero ser periodista.

La boca llena de Wishful Thinking (pensamiento ilusorio) se topa con una avalancha de realidad. Cómo malgastar tu vidalaboral: la trampa de la vocación. Primer zasca. Y para completar el halagüeño panorama una retahíla de ERES en los principales medios de comunicación del país (con mayúsculas de Cebrián).

-          -Yo tengo un proyecto.

El resabiado muchachote ejerce de segundo entrenador de un equipo alevín. Se pasa los días garabateando en una libreta tácticas y métodos de entrenamiento. Ya le tiene echado un ojo a un ciclo de grado medio sobre la materia. No se pierde un partido de Primera y adora a Pep Guardiola. No sabe nada de la economía de los clubs españoles. Yo le pasaría el vídeo del economista José María Gay de Liébana (profe de economía clarito donde los hubiere) para que comprenda que o le toca una quiniela o es muy difícil que puede comer de la pelotita. 

Y qué hacemos se preguntarán padres, profes de cuarto de ESO y segundo de Bachillerato, además del público en general (las pensiones nos las tienen que pagar los desorientados). La mayoría de orientadores siguen sacando los manuales desgastados en medio de la tormenta y circunvalan sin demasiado sentido. Nadie les criticará porque se mueven, pero sin sospecharlo están en el mismo punto. Otros, como un servidor, de momento, prefieren chafardear los catálogos de brújulas: Diez jóvenes que han convertido sus ideas en negocios millonarios.

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