dimarts, 2 de desembre de 2014

EL EQUILIBRIO JUSTO



Mi pareja cómplice y un servidor estuvimos ayer dos horas amarrados al sofá. El silencio indignante solo se cortó con un par de exabruptos necesarios para liberar la tensión. Ya sabemos que la justicia casi nunca duerme en los tribunales (lo hemos vivido en carne propia). Ya sabemos que negligentes es uno de los calificativos más suaves con los que se pueden utilizar cuando se habla de los cuerpos policiales de Catalunya. No vivimos en un país tercermundista, estamos hablando de la cosmopolita Barcelona, la capital del turismo, el arte y el diseño, pero también tiene cloacas, sórdidas comisarias donde se puede apalear impunemente con la cobertura de unos políticos ciegos e indigentes morales.
Ayer vimos el documental Ciutat Morta (lo han colgado en Filmin). TV3 no ha considerado todavía pasarlo por ninguno de sus canales aunque le hayan otorgado 10 premios o haya sido seleccionado para participar en 21 festivales. Nuestra televisión pública (cómo duele el acento por irreal) no lo ha programado porque lo considera “parcial”. El discursito del president Mas en el Forum es un modelo supremo de imparcialidad. Tal vez sus enchufados directivos consideran que los catalanes estamos preparados para conocer los pormenores de la caza de ballenas en Japón, los detalles del conflicto ucraniano o conocer al dedillo el conflicto escocés, pero no podemos oler nuestras alcantarillas. Somos tan modernos que nos perturba el tufo putrefacto de la injusticia autóctona.



Piensen que acuden a un hospital y mientras están en la sala de espera esperando para ser atendidos unos policías que han llevado allí a tres detenidos (después de haberlos torturado) les empiezan a hacer preguntas y en dos minutos los esposan y deciden que ustedes son los responsables del homicidio involuntario de un agente que se ha producido en un lugar en el que ustedes nunca han estado. Que se pasan dos años esperando un juicio y que al final los condenan a tres años de cárcel. A ustedes y a mí es difícil que nos pase, somos normales, vestimos normales, vivimos en sitios normales. Patricia Heras tenía un peinado que simulaba un tablero de ajedrez y según la poli vestía con estética okupa. Suficiente motivo según los que buscaban chivos expiatorios para hundirle la vida, una basura social que se puede limpiar impunemente. En abril de 2011 decide suicidarse al salir de la cárcel. Sus amigos y amigas creen necesario restablecer el equilibrio hacia la justicia para que todos podamos seguir creyendo que lo sucedido no se repetirá nunca más.

Queremos expresar que Patricia no formaba parte ni del movimiento anarquista, ni punk, ni okupa, ni antisistema, ni nacionalista. Que era una mujer transfeminista y gótica, siniestra, romántica, madrileña de impura cepa, involucrada en la movida postporno y queer de Barcelona. Queremos expresar también nuestra disconformidad con que se la considere mártir o víctima. A ella no la mató nadie, se mató ella sola porque tuvo ovarios para hacerlo, no queremos que nadie se reapropie de su mérito y de su valentía para saltar. No hagáis de su decisión desesperada un crimen de estado porque fue su voluntad de acabar con su vida lo que la mató, aunque no dudamos que su circunstancia afectó firmemente a su voluntad.

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