dijous, 18 de desembre de 2014

NI DON JUAN NI JUANILLO



Mientras leen este post será probable que escuchen un gorjeo a su alrededor. No les supongo en paisaje idílico rodeados de oropéndolas, currucas, gorriones, jilgueros o zorzales. No soy tan ingenuo. Les imagino dentro de la jaula de Whatsapp asediados por cualquier móvil cercano o por el suyo propio. 21 millones de españoles se pavonean dentro de los barrotes metálicos del gigante comprado por Facebook. Somos la sexta potencia mundial (¡hala, te has contagiado del optimismo enfermizo del Plasmático presidente del Gobierno) de usuarios de esta mensajería instantánea (uf, qué susto). 


On fire, lectores, así estamos los nietos de Los santos inocentes, nadie daba un duro porque fuéramos capaces de situarnos en la cabeza de la senda tecnológica. Aquí estamos dando el callo. Interconectados al máximo, globalizados por los cuatro costados. ¡Rajoy! ¡Saca pecho! No hace falta que manipules más las estadísticas del paro, agárrate a las de usuarios del telefonillo verde.
Las lenguas viperinas, rancias, retrógradas, dicen que un trabajador es interrumpido por los gorjeos cibernéticos una media de cuatro veces a la hora y que pierde 10 horas al mes en distracciones vinculadas a la ornitología digital. La Universidad de Columbia (cuando estos americanos se mueven algo grave se cuece) afirma que el 68% de las empresas yankees están aplicando medidas restrictivas al efecto pajarraco. Los cavernícolas que siguen leyendo en libros con hojas cinceladas en imprentas del pasado se les ha ocurrido que los enjaulados usuarios de Whatsapp están sufriendo terribles traumas como la apnea verde (ahogarse en la ansiedad de la espera de un nuevo mensaje) o infobesidad (rastrear compulsivamente los mensajes antiguos mientras se espera la novedad). ¡Rancios que no saben ir a la moda! ¡Reaccionarios del progreso!
A veces uno tiene el hilo y le falta la aguja. Mi hilo venía de pensar que posiblemente esto de las nuevas tecnologías se estaba sublimando demasiado. Fernando de la Rosa (fundador de Foxize School) me ha facilitado la aguja con su magnífica reflexión ¿Cambio de época o época de cambio? 10 argumentos (de peso) en cada uno de los sentidos. Para el no era para tanto esgrime las ganas de los individuos de vivir en una era excepcional, las reiteradas burbujas creadas a lo largo de la Historia (fiebre del oro, El Dorado, tulipanes…), los muertos que quedan por el camino que se anunciaron como panaceas, la persistente desigualdad en ambas orillas del presumible cambio. El impacto en el mundo del conocimiento, la exponencialidad (matizada) de los cambios, las mutaciones de poder mundial que devalúan a los tradicionales (basados en ejército) y encumbran a los emergentes (basados en talento, conocimiento, digitalización) o los impactos sobre el aprendizaje y la educación son argumentos sólidos que pueden apuntar a un verdadero cambio de era.
Cierro con una expresión de mi abuela de gran concisión conceptual sin ella saberlo. Tal vez, ni don Juan ni Juanillo. Ni sublimaciones megalómanas ni menosprecios nostálgicos. 
Posdata: Gran Hermano 15 lo más buscado en el 2014 en Google. 

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