dilluns, 11 de febrer de 2013

PRESIDENTE



Seguramente debería sentirme ufano de tener en mi clase al próximo presidente del gobierno. A veces los profesores nos tomamos las bravuconadas de los alumnos muy a la ligera. Supongo que los profes de Sociales de Rajoy o de Zapatero también los miraron de soslayo cuando les confesaron la meta de sus anhelos.

Estimado lector, libera tu mente de prejuicios y analiza el curriculum de Javi (quédate con su nombre) con miras abiertas. No es ningún inconveniente que el futuro presidente sea repetidor de Primero de Bachillerato ni que haya suspendido en la primera evaluación siete asignaturas. Siempre podrá someterse a una mano de chapa y pintura de curriculum académico con reputados estilistas como los que le sirvieron en bandeja de plata la tesis doctoral a Anette Schavan (dimisionaria ministra alemana de educación). No tiene ni zorra idea de inglés, igualito que los dos últimos presidentes del gobierno.
Pero Javier posee dos cualidades imprescindibles para cualquier líder político: miente con una habilidad pasmosa y consigue aquello que se propone. Después del varapalo de la primera evaluación (siete calabazas) se presentó con el disfraz de carnero degollado (el mismo que utilizan los políticos cuando anuncian recortes en sanidad o educación o subidas de impuestos) a una surrealista escena familiar. La penita, las ganas de sus padres de creérselo y el miedo a una depresión (sí, sí, también lo dejó caer Javi en un momento del encuentro) revirtió la espiral negativa, en lugar servirlo con patatas en la cena de Navidad, consiguió que le regalasen un móvil nuevo porque el anterior lo había fastidiado en una juerga.  Convenció a sus padres (ya quisiera tener Mariano a Javi como asesor para darle carpetazo al tema Bárcenas) de que un estímulo (Iphone) ayudaría a despertar sus ganas de comerse los  libros. Les prometió el oro y el moro (un programa electoral en toda regla) para en la segunda evaluación seguir igual de tarambana (¿cómo va España después de tanta reforma laboral y de tanto recorte).
Javi (ya lo veo en el balcón de Génova o de Ferraz, tanto da) me ha anunciado su nueva estrategia para salvar el enojo de sus accionistas (padres) el día que les enseñe la cosecha de calabazas. Con una resignación postiza pronunciará una frase que abrirá en canal el corazón de sus progenitores. Quiero dejar los estudios. Los padres, culpabilizados por el fracaso del que creían una lumbrera, se resistirán a borrarlo del instituto y seguirán dándole crédito. Javi quiere un tatuaje en la pierna, ha pensado en dos flores (su madre y su hermana). No me digan que su marketing sentimental es moco de pavo, la niña de Rajoy queda a la altura del betún.
Estimado lector, ríase y vuélvase a reír, pero Javi es uno de los flamantes representantes de los alumnos en el consejo escolar, con más de 250 votos (mayoría requeteabsoluta) y sin haber hecho mas campaña electoral que presumir de ser el más crápula del instituto y de que legalizará la marihuana en el patio (olé la demagogia barata). Sin estudiar ni una asignatura de ciencias políticas el gachón ya conoce uno de los pilares de la política española: el desprecio por los votantes. Recuerden que mientras España estaba debatiéndose entre rescate sí o rescate no el pasado verano, nuestro presidente estaba en la final de la Eurocopa fumándose un caliqueño. Javi no se presentó a la primera reunión del consejo escolar porque estaba preparando el carnaval. 

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