divendres, 15 de novembre de 2013

DOCE HOMBRES SIN PIEDAD


13.30 horas. Clase de Geografía Humana. 12 alumnos frente a mí. La mayoría rozan la mayoría de edad (no hablo de responsabilidades, mejor no entrar en honduras). Entra una profesora de Catalán a recoger el dinero de una obra de teatro a la que asistirán en unos días. Me surge la primera pregunta instantánea.
        - ¿Habéis ido al teatro alguna vez sin ser una actividad escolar?
Me miran con sorna. ¿Teatro? Las artes dramáticas para estos muchachotes y muchachitas son algo tan insondable como la filosofía cuántica o la física nuclear. Su bachillerato es el de Humanidades pero no consideran que esta disciplina pueda formar parte del conjunto. Como un fiscal tenaz pregunto el motivo de la desidia.

       -No me llama.     
La argumentación es contundente, sólida intelectualmente, razonada, incluso podría concluir que brillante. Solventado el primer fracaso investigo en otro campo. 
       -¿Cuál es el último libro que habéis leído sin que medie mandato escolar?
El primer problema aparece en el significado de la palabra mandato. Lo aclaro. Otra vez se extiende una sonrisa colectiva. ¿Un libro? Un alumno me refiere que le regalaron uno por Sant Jordi, no recuerda el título ni el autor, reconoce que estaba bien pero que no lo acabó. Una alumna muy afortunada recibió uno de un tal Mocchia (ídolo de quinceañeras) pero no ha pasado de la página treinta. Dos alumnas confiesan que en el verano se aproximaron a las Sombras de Grey por el morbillo y porque lo había comprado sus madres. Los demás un árido desierto. Reitero que el escenario de la tragedia es una clase de segundo de Bachillerato (en dos días estos zagales podrán tener la condición de universitarios). Mi terquedad sigue la investigación. 
       -¿Habéis visitado algún museo sin que sea una actividad escolar?
La risa se sustituye por un velado mosqueo. ¡Ya sabes que no! ¿Un museo? ¿Una galería de arte? Vestigios de un mundo subyugado por el esplendor cibernético. Ya solo me queda una pregunta en la recámara para comprobar el grado de intelectualidad de mis alumnos.
       -¿Compráis o leéis algún diario? Ni que sea digital...
Obviamente, el Marca, el Sport, el AS, el Mundo Deportivo…. ¿Los otros?
       -Es que no me llama.
La alumna que inició las grandes justificaciones cierra el círculo con una magnífica aportación. No hay más preguntas por mi parte, señor juez.
El veredicto del Jurado Popular es contundente: CULPABLE. Cómo se le ocurre a usted señor profesor poner el dedo en la yaga y descubrir en diez minutos las carencias de una juventud indolente. Estos alumnos son hijos de internet, del deporte y del watssap.
Sentencia: Culpable de corromper a la juventud (qué honor más socrático) y de suscitarles dudas en su ejemplar comportamiento como garrulos fieles a los designios del sistema. Culpable por desvelar instrumentos que pudieran despertar en el ejército de la anticultura una mínima curiosidad que evite su fácil domesticación. 
Entre la nostalgia y el paroxismo me refugio en mis recuerdos de las obras teatrales televisivas de Estudio 1. Ya sé, ya sé... son otros tiempos. Oscuros, por lo que veo.

9 comentaris:

  1. Despetar la curiosidad de los adolescentes por la belleza que nos rodea,impresa en libros, enmarcada en museos, etc.. es una asignatura pendiente.

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    1. Hoy en día casi una asignatura suspendida sin remedio a corto plazo.

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  2. Hola, Jordi:
    El problema que explicas es una preocupación compartida por muchos. ¿Qué ha pasado con la cultura? ¿Es prescindible a los ojos de los adolescentes? ¿Ha sido sustituida por las nuevas tecnologías? Creo que el asunto requiere una indagación más profunda. Te acompaño en las inquietudes.

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    1. Llevan al rebaño por donde quieren....

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    2. Y algún día enfrentarán ese rebaño contra los curiosillos intelectuales, y tendremos que salir de nuevo por los Pirineos...

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  3. yo también me acuerdo de aquellos estudios 1 y de la clave, y de un Pedro J que ya apuntaba su amarilleo aunque por aquellos entonces pareciera ingenuidad... alguna cosa buena había pues,... un saludo

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    1. ¡La Clave! Balbín... qué diferencia con las tertulias de hoy, tan insustanciales, tan banales... Me has vuleto a desatar la nostalgia...¡culpable! Un saludo.

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    2. La nostalgia solo es buena cuando nos hace sonreír.. otro saludo para ti

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