divendres, 22 de novembre de 2013

EL ACORAZADO POTEMKIN



El poder se puede ejercer por la fuerza o por la razón. Lastimosamente la primera opción  se suele imponer cuando se agota la segunda. Llevamos una retahíla de excusas en el zurrón, el rollito de vivir por encima de las posibilidades, las exigencias europeas, los brotes verdes y otros eufemismos que se desmoronan al primer bufido, nos hemos comido poco a poco la crisis pero la desesperación empieza a hacer mella en una ciudadanía artrítica poco acostumbrada a luchar por sus derechos. La razón exige tener criterios y algunos (especialmente proteger a los privilegiados) suelen contrariar a la masa desfavorecida. Que se salve a los bancos que desahucian a los que pagan los impuestos con los que se hará frente su rescate es una parodia surrealista que solivianta al personal. Aunque se tengan controlados los mass media y dispongan de una ingente legión de ratas que se alimentan con la carroña que desprende el poder (sobresueldos, enchufes, cargos políticos, vanidades varias…) el público empieza a impacientarse y a sacar las patas del tiesto (expresión herencia materna). Cuando esto se produce, históricamente el poder muestra su cara más feroz  y hace un pedido extra de alambradas electrificadas, muros infranqueables y vigilantes de élite. Resumiendo, medio mundo se muere de hambre mientras el privilegiado 1% de la población se arma hasta los dientes para defenderse de los harapientos que piden pan. 

Nuestro gobierno, siempre vigilante por los valores democráticos, ha empezado a extender nuevas alambradas que hagan más difícil exigirle justicia. Ha empezado por legislar que es bastante económico cuando se tiene mayoría absoluta. No se puede consentir que los señores diputados aprueben leyes a su antojo con una jauría de alborotadores subida en el tejado del Congreso de los Diputados. ¡A prisión! Es inadmisible que una marabunta de desahuciados chille enfervorizada en la puerta del domicilio de un respetable ministro con el consecuente trauma psicológico para los hijos del servidor público. O que le pueda uno decir cabrón al madero que te está zurrando la badana porque protestas por tus derechos. El absurdo se impone con porras y pelotas de goma. Los salarios bajan escandalosamente mientras las multas por las protestas suben exponencialmente. Una alcaldesa (culmen del desvarío) incluye en las ordenanzas municipales multas astronómicas por ejercer la mendicidad. Es que hay muchos pobres que se hacen pasar por pobres para no trabajar y sablear a los ciudadanos de bien. Pero también hay muchos políticos que se hacen pasar por políticos y son agentes al servicio del poder económico y nadie les cobra una tasa de mentiras.
Esta mañana he visto en la tele que la policía portuguesa montó una manifestación contra los recortes a los que está obligando la troika, protestaba porque estaban trabajando “en el límite de la indignidad”. Los compañeros que tenía acordonado el Parlamento se abrieron como un clavel (dónde habrán quedado) para dejar paso a los policías protestones y pacíficamente tomaron la zona. Me dio por pensar en el acorazado Potemkin, ya sé que es una conexión interesada, un guiño al sí se puede, un grito a la solidaridad entre carceleros y presos.
No sé, quisiera creerme que las barbas de nuestros vecinos lusos se están pelando y que alguien pudiera pensar en poner las suyas a remojar.   

2 comentaris:

  1. Hemos retrocedido cuarenta años en apenas dos, y este nuevo aprendiz de aguilucho no parará hasta que el pueblo se levante. El caso es que esta sumisión y miedo a lo que estamos perdiendo, no nos revuelva el estómago, ay, si levantaran la cabeza los muchos que murieron por todos los derechos que ganaron y nosotros regalamos. En fin.
    A las barricadas yá!

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