dimecres, 20 de novembre de 2013

EN PRIVADO



Periódicamente el mar devuelve los cadáveres de los ahogados. De igual forma, con algunos días de diferencia, con circunstancias comunes y peculiares, vamos teniendo noticias de muertes de mujeres a manos de un maltratador que habita más cerca de lo que nos creemos. ¿Y el origen? El mar es muy extenso, inhóspito, las olas traicioneras, lo único que hacemos es recoger a las víctimas. Víctima. La palabra cae como una losa sobre las demás mujeres que manotean en un océano de incomprensión. Podrían haber denunciado, solo tienen que marcar un número de teléfono que no deja huella, son tontas, son débiles, son las dos cosas. La sociedad que las quiere proteger del mar bravío y traicionero las estigmatiza con un vocablo que parece lleno de misericordia pero está cargado de intención. El verdugo es un mal nacido, duro, implacable, la víctima un cachorrillo. ¿Qué papel prefieres?

Voces en tierra firme alertan estos días que aumenta el sexismo, las nuevas generaciones de machitos vienen pisando fuerte, recogen el testigo de la España negra, de la España profunda, la de las palizas en privado, la de las violaciones en silencio. Las nuevas generaciones de mujeres sumisas (mierda de libro al que no quiero hacer propaganda porque me repugna su título) vienen dispuestas a dejarse avasallar por un príncipes azules que las maltratarán con el látigo de sus celos y de su posesión. Nos quieren tanto que no nos dejan llevar la faldilla corta, las queremos tanto que sólo las queremos para nosotros. Y cada afirmación inocente parece empujar a la orilla a un cadáver que aunque no tiene nombre sÍ tiene fecha, unos días después de la anterior. ¿Cómo pudo pasar? Algunas madres parieron a los maltratadores que construyen las jaulas de las princesas. Algunos padres chillaron, golpearon, humillaron y han dado el cetro al carcelero. No existen más que en privado. La culpa la tienen las víctimas que no cogieron el teléfono y denunciaron, que se creyeron la vocecilla que martilleaba su conciencia avisándolas que la denuncia era el principio del segundo infierno. Ya sabes que yo nunca te haré daño (si no miras a otro, si no me dejas, si siempre me dices que sí). Muchas mujeres callan, sufren en privado, entre cuatros paredes, entre barrotes de miedo, la sociedad no se atreve a hacerse la pregunta y mucho menos a enfrentarse a la respuesta. ¿Por qué? Las leyes públicas no sirven en el espacio privado. Allí solo se permite la dictadura del maltratador. 

Los mecanismos de control de los obsesos celosos se han perfeccionado con las nuevas tecnologías. Pueden ir más allá, mirando el facebook, controlando el watsapp, todo para saber dónde estás, en quién y qué piensas. ¿Para quién te arreglas como una puta? Esa pregunta es motivo de una denuncia. En privado no deja de ser una tontería, él es así, es muy celoso, pero me quiere. La mujer ya se está perdiendo pie peligrosamente y el mar de fondo la empuja a dejar de ser ella, a renunciar a su voluntad. Los tertulianos no paran de repetir que hay que coger el teléfono y denunciar, en alta mar no hay cobertura, imbéciles, bocazas, dejad ese simplismo y conoced de primera mano lo que os diga una mujer que tiene el agua al cuello. Oled el miedo y dejad de decir chorradas. En público todo el mundo es muy valiente, en privado es otra cosa.     

2 comentaris:

  1. En privado se cometen las mayores aberraciones, cierto. Lee esto, si te apetece, Jordi.

    http://cumbresblogrrascosas.blogspot.com.es/2009/06/hoy-que-termina-septiembre.html

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