divendres, 8 de novembre de 2013

PERPLADO



Planteamiento. Este año he introducido en la metodología de algunas de mis clases un aire neoliberal. Los alumnos compiten (¡hala!) y según su producción y sus intereses ocupan un espacio diferenciado. El café para todos no me funciona en algunos grupos, los indolentes dominan el cotarro y marcan un ritmo cansino de aprendizaje. Los sujetos educativos empiezan por actividades mecánicas (resumen y ejercicios, vaya, lo de toda la vida) y pueden ascender por la cadena de mérito hasta estadios en los que el intelecto adquiera mayor protagonismo. Una gran mayoría se encuentra de fábula en el primer punto, es aburrido pero encaja con su historia y con sus expectativas, adquieren los mínimos de materia (salvamos el expediente) y los olvidan con la misma facilidad. Una minoría opta por superarse, por traspasar la frontera de la vagancia y por proporcionarse un aprendizaje más útil. Ellos deciden (iniciativa individual) y yo superviso (el Estado como garante del buen funcionamiento del sistema).     
Nudo. Siguiendo la estela de los manuales del buen adolescente, algunos me quieren hacer la pirula. No aceptan su condición de obreros de las Sociales y quieren engrosar el estamento intelectual presionando al Estado con malas artes. Van a sus casas y tergiversan la situación para que sus padres les saquen las castañas del fuego. ¿No lo harán? Por supuesto. Llamada al instituto y entrevista urgente con un servidor con una amenaza velada como aperitivo del combate: “Hay muchas cosas que no me están gustando”. Ufff…. Qué miedo.
Desenlace. Mientras los progenitores me explicaban sus quejas y lamentos (hablaban por boca de su retoño despechado) sonó más de seis veces el sonidito del Watsap, el padre se ausentó dos veces para hablar con el móvil y la madre no pudo resistir la tentación de mandar un mensajito que calificó de urgente. Yo expliqué mis postulados entre vibraciones del cacharrito de marras. El argumento de peso de los accionistas era que su hija “se había molestado” cuando yo no había auspiciado su ascenso a un estamento superior. ¡Es injusto! vocearon al unísono con un ojo depositado en la fuente de su atención, el móvil de las narices. No les explicaré todos los entresijos de la conversación (algunos muy escabrosos), me tuve que fajar con astucia y veteranía para dejar las cosas en su sitio. Al final resulta que un licenciado en Ciencias Sociales con veinte años de experiencia sabe menos que un mindundi de dieciséis sin más ganas que llamar la atención. Se fueron contentos, admitieron que en casa su retoño también mantenía una actitud displicente y confesaron su convencimiento en que mis tácticas para motivar a los alumnos eran acertadas y plausibles.
Moraleja. Estoy perplado (bebido de territorio del gurú Goleman). 


El adjetivo describe dos fases de un sentimiento: un primer momento de PERPLlejidad y un segundo de enfADO. No sé la que pesa más.

4 comentaris:

  1. Qué gran amor a su vocación el de los maestros, al tener que manejar no solo a los alumnos, sino a las frustraciones de los padres proyectadas en ellos, y esas juntas informativas que a veces quieren convertir en una cacería de brujas. Es de reconocerse.

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  2. No te creas, tiene su gracia si no lo piensas demasiado... Un saludo.

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  3. Y pese a todo, los verdaderos profesores, los que teneís vocación, seguís ahí, en el frente de batalla para enseñarle a los chicos justo lo que sus padres han olvidado, que la vida es algo mas complejo y más importante que una pantalla de ordenador o de movil.

    Magnífico blog.

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    Respostes
    1. Tu pseudónimo refleja el estado real del mundo educativo. No descarto utilizarlo en uno de mis post. Bienvenido a Voz ácida y gracias por tu atención.

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