dimecres, 22 de gener de 2014

LA PRIMERA ERECCIÓN



Es comúnmente sabido que el género masculino suele despertar con el órgano reproductor (concesión a los obispos) enhiesto (empinado para los más convencionales). No me cataloguen de frívolo antes de acabar de leer lo que tengo que exponerles. Esa primera erección no tiene que ver con los estímulos externos, es algo natural, espontáneo, nada social. La fisiología se impone a toda razón y clama por un protagonismo perdido. El reptiliano desafía al mamífero.


Brioso ejercicio el de aquellos hombres que intenten mantener los efluvios de la primera eyaculación sin más orden que el de su instinto. A lo largo del día, imperceptible o estentóreamente, serán conminados a la represión y al engaño. El ejército de mamíferos arraigados y dóciles intentarán tergiversar la libertad del reptil para que no vuelva una erección que no sea fruto de la pornografía oficial. Hombres y mujeres se aparean arropados con la excusa del amor, el gran eufemismo mamífero. Las hembras mamíferas crían y los machos protegen. La hembra antes del orgasmo es puta y después de él madre. Los carriles definidos y los roles marcados. Embajadores sin oficio y con beneficio propagan las mentiras en bandejas compradas en los bazares chinos.
Mi primera erección mental del día tiene que combatir contra la de Kiko Rivera (oh, Dios, qué rival más peligroso). Y plantarle cara a su hit Así soy yo. Cuatro millones de descargas en internet de la cancioncita de marras. Cuatro millones de curiosos o fieles que se conforman con decirle a una mujer chorradas del estilo: Yo por ti me siento vivo. Déjame tener tu amor. Mamíferos coreando tópicos. Quiero detener el tiempo, pa decirte lo que siento. Y entrar en tu vida, amor. Sencillo y pegadizo, fácil de recordar, lemas para la manada aderezados con musiquilla machacona que sirve lo mismo para un roto que para un descosido, entrando por los oídos sutilmente para consolidar voluntades. Y aunque pasen los años, ya no puedo cambiar, déjame demostrar, que lo que siento es real. Monumental, sin duda, arco de triunfo del no decir nada. Y si se sumergen en el despropósito rápido emergen verdades perniciosas. Princesa de mis sueños esto va directo a tu corazón. Caterva de mamíferos falaces, marabunta de impotentes, productos en serie de la insensibilidad. 
Os maldigo y os ataco. Blandiré mi arma más poderosa, la del reptil más insumiso, con rabia y con furia, repetiré los versos de Oliverio Girondo esperando que el semen se derrame generoso entre los escasos reptiles (de ambos sexos) que superan la ciénaga diaria y se prometen alas.

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! 

             El lado oscuro del corazón (1992) de Eliseo Subiela.

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