dimecres, 29 de gener de 2014

SEMOS UN PAÍS DE CHARANGA Y PANDERETA



Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católica
.

(Fragmento de El mañana efímero de don Antonio Machado, poeta y profeta).


Nuestra deuda equivale al PIB anual. ¿Y qué? La vida es una mala noche en una mala posada. Un 26% de españolitos activos en el paro (un 50% de la población juvenil). ¿Y qué? Nada te turbe, nada te espante, solo Dios basta. Aeropuertos vacíos, sobresueldos millonarios, conflictos secesionistas, Cáritas a rebosar, la educación valorada con un cerapio por organismos de referencia y la sanidad en la UVI. ¿Y qué? Semos un país de incrédulos.
No entiendo la sarna con la que se ha castigado al ministro de Interior por reconocer la intercesión (parece que desinteresada y por lo tanto no tributa Cristobalito) de Santa Teresa. Las mismas chuflas que cuando Fátima Báñez reconoció la participación celestial de la Virgen del Rocío en los beneficios (en la mejora de la productividad, Cristóbal, no quieras meter tu mano en las cuentas del cielo) de la reforma laboral. O el escarnio que sufrió el propio Fernández Díaz cuando le colocó una medallita a la Pilarica en el 2012 (Cristóbal, jolín, que no tiene asignada pensión) por patronear la Guardia Civil durante más de un siglo. Semos un país de desagradecidos (y de defraudadores me dice Fraguel Montoro al oído). 


Santa Teresa ya tiene curriculum en echar una mano (ahora iremos con eso) a España. El caudillo tenía la articulación en su mesita de noche. Aunque podría haber tenido una revista porno o un ejemplar del Manifiesto comunista, pues no, el dictador (yo creo que ya no se puede utilizar este término, ahora se estila llamarlo benefactor) manoseaba el relicario de la intercesora a la que le cortaron la mano después de diez años criando malvas y estaba fresca como una rosa, incorrupta (seguro que si la pilla Correa la vende en el Rastro) y flexible. La mano derecha (qué casualidad) de la santa de Ávila protegió a Franco de todo enemigo, parece ser que se la llevaba de gira cada vez que se movía por la península. Tal vez esa mano rota en la captura de salmones gigantes obedeciese a la intercesión teresiana.
La vuelta de la democracia retornó la mano incorrupta a las Carmelitas del convento de la Merced en Ronda (donde llegaron huyendo de la revolución portuguesa antes del expolio franquista). Parece ser que en su auxilio acuden mujeres que no pueden tener descendencia, con un leve restregón consiguen el carné de familia numerosa (para regocijo de Gallardón). En el mismo enclave de fe en la incorruptibilidad cadavérica se conserva el ojo izquierdo de la Santa, las malas lenguas apuntan a que lo tenía Felipe en su mesilla de la Moncloa anticipándose a Snowden.  
Don Antonio, sin duda, semos un país de charanga y pandereta.

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