dimarts, 11 de març de 2014

ESCRÚPULO



A veces es necesario volverse hacia el diccionario para coger aire, hay palabras vilipendiadas por su mal uso o por un ostracismo extraño que les hace perder su brillo. Hay que guarecerse bajo el cobertizo de la etimología y de las definiciones académicas para devolverles el honor.
Escrúpulo tiene dos vertientes que en principio pudieran parecer contradictorias. Exactitud en la averiguación o en el cumplimiento de un cargo o encargo. Es un sinónimo de rigor, aplicable a la investigación de un atentado que segó la vida de casi dos cientos ciudadanos. Pero en el otro extremo de su esencia encontramos que es una china que se mete en un zapato y lastima el pie. Las heridas duelen (ofrecen experiencias vitales) y provocan cicatrices (fuerzan el recuerdo). Las diferentes acepciones que contempla el diccionario siguen invitando a la reflexión. Califica el escrúpulo (la piedrecilla, no la perdamos de vista el origen latino del vocablo) como la duda o recelo que punza la conciencia sobre si algo es o no cierto, si es bueno o malo, si obliga o no obliga; lo que trae inquieto y desasosegado el ánimo. 


Existen seres humanos que no resisten la tensión de caminar por la vida con una china en el zapato, les obliga a renunciar a sus ambiciosos proyectos, desacelerar el ritmo frenético del ganador o incluso vedar territorios (las cacareadas rayas rojas). Ellos se niegan a perder aunque muchas veces sea la antesala de una victoria más profunda. Impregnarse de fracaso, reconocer las debilidades, es el punto de partida para la transformación y el inicio de un camino que pueda conducir a una victoria más sólida. Los mentirosos son especialistas en atajos y en argucias que les ponen en ventaja sobre los demás, es tan tentadora la propuesta del engaño. No hay mas que quitarse la china del zapato y coger velocidad de crucero. Se acabó el desasosiego. Piedra que no duele, conciencia que se libera. Cuando llegan a la esfera de los laureles hay notarios que testifican que nadie les vio pasar por los controles de la carrera. Ellos miran para otro lado o encienden el ventilador que llena de mierda todo el condado. Obviamente no tienen otra solución que embarcarse en nuevas mentiras y volver a vaciar los zapatos de piedrecillas molestas. La última acepción del escrúpulo es la de una aprensión o asco hacia algo (especialmente la comida). Repugna la frialdad con la que los tramposos siguen sonriendo en actos de recuerdo a las víctimas de un sinsentido y de una partida con cartas trucadas. Teatreros inmundos, ratas de cloaca, alabarderos de la mentira.
Todo un país necesita indagar quién tiene chinas en los zapatos y quién no. Tal vez me quedé corto, tal vez sea un planeta entero el que tiene necesidad de devolver las piedrecillas a la planta del pie y apretar con fuerza para devolvernos el recelo que nos invita a sospechar que esto no va bien.

2 comentaris:

  1. Como siempre sublime. Disfruto mucho leyéndote. Pero qué duro es soportar una china en el zapato.

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  2. Gracias por los eulogios,jajaja.... La china ofrece equilibrio. Nos recuerda que hay líneas prohibidas, una forma de sentido vital.

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