dijous, 13 de març de 2014

ESTADO DE EXCEPCIÓN



¿Han probado ustedes a sacarse un moco (qué asco) con un cuchillo? ¿Y a comerse un chuletón con las manos (qué difícil)?
Hace unos días que la dirección de mi instituto ordenó TOLERANCIA CERO con el móvil. Emulando las redadas contra los narcos mexicanos arengó a su ejército (entre el que me encuentro) a que persiguiese por tierra, mar y aire tan peligroso artefacto. Prohibió taxativamente que los alumnos viniesen al centro educativo provistos del aparato que los atontiza muchas horas al día (quién nos paga el plus de peligrosidad por interrumpir una adicción tan poderosa). La junta directiva envió un mensaje a los padres (vaya, por vía cibernética) ofreciéndoles el teléfono del centro por si tenían alguna urgencia para contactar con sus retoños (auguro colapso en la centralita) y avisó que los alumnos que fueran sorprendidos con un móvil (ni que estuviese oculto en su bolsillo) en cualquier dependencia del instituto serían amonestados y les sería incautado el material prohibido hasta que los progenitores viniesen a recogerlo en persona al final de la jornada lectiva. 
Parece que el orígen de tan drástica decisión se encontraba en la grabación de una paliza entre adolescentes en Sabadell. Un centro educativo ya no es un lugar impermeable y hermético. Llegan las jornadas de puertas abiertas y es muy peligroso que el You Tube pueda convertirse en un medidor de calidad más cruel que todos los abalorios que se cuelgan por las paredes para impresionar al cliente. Si las grabaciones de bloggeros forzaron la primavera árabe o unos videos amateurs desmontaron las mentiras de todo un ministro de Interior, si Erdogan (el presidente turco) se plantea cerrar el You Tube o el Facebook porque le están asediando con un video en el que confiesa a su hijo trapicheos múltiples, cómo sustraerse a la tentación en un modesto instituto.

¿Han probado a escribir un texto percutiendo las letras con un vaso (qué martirio)? ¿Y a beber con un teclado de ordenador (qué estropicio)?
De momento la población anda tranquila, básicamente por dos motivos, el primero es que desconocen sus derechos y el segundo es que tienen muy claro que los diques que se le ponen al mar acaban por ceder. Las prohibiciones (lo saben muy bien los dictadores) esclavizan recursos. A las múltiples funciones que nos han enchufado los rectores educativos al profesorado ahora quieren sumar la de guardias civiles (en cuatro días me veo disparando pelotas de goma en Ceuta). Obviamente considero que si se hace un mal uso del móvil en el transcurso de una clase es tarea del docente avisar, amonestar y sancionar al alumno. Faltaría plus. Es una cuestión de respeto.
Un grupo de alumnos de Primero de Bachillerato (nada brillantes académicamente pero con la curiosidad intacta) me sacaron el tema para perder el tiempo y para provocarme. Después de reflexionar conjuntamente llegamos a conclusiones nada desdeñables. Qué diferentes son las clases cuando nos alejamos de los corsés programáticos y nos introducimos en la aplicación de los conocimientos a la vida real.
¿Han probado a hacer una agujero en la tierra con una bicicleta (qué cansao)? ¿Y a desplazarse encima de un ficus (prueben, prueben, parecerán la bruja piruja)?
Los cuchillos son perfectos para cortar la carne. Los dedos entran perfectamente en las fosas nasales (qué mala educación y cuanta gente tiene esa mala educación a diario). Los dedos percuten el teclado y el vaso es un recipiente perfecto para beber agua. La bicicleta es un medio de transporte y el agujero para plantar un ficus mejor hacerlo con una pala.
El móvil ha venido para quedarse. El móvil tiene peligros. El móvil cambia la educación y la sociedad. El móvil permite hacer las mayores sandeces y salvar una vida. ¿Para cuándo pedirles a los chavales que sean responsables de sus actos? Sin duda es más lento y costoso que la prohibición pero muchísimo más eficiente.
Pronto empezará el buen tiempo, los escotes amenazan de nuevo al equipo directivo. El decoro, el buen gusto, la imagen, la desmesura adolescente. ¿Hay tema o no? Seguiré informando desde mi observatorio privilegiado.

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