dilluns, 24 de març de 2014

PUEDO PROMETER Y PROMETO



Decreto una semana de sordera política, de amnesia histórica y de desrigor intelectual. Es lo necesario para afrontar el vendaval de juicios interesados y alabanzas azucaradas que recibirá la figura de Adolfo Suárez. Una mentira repetida hasta la saciedad aspira a ser verdad. Afirmaría sin equivocarme demasiado que un 90% de los ciudadanos españoles que tienen menos de treinta años no tienen ni repajolera idea de quién era ese señor que murió el domingo. Se quedarán con el titular o con la etiqueta, con el argumento mínimo para acompañar las aceitunas y la cerveza en la conversación de barra de bar. No se les ocurrirá leer libros donde se explican las andanzas de Suárez en la dictadura, preferirán repetir las exaltaciones enlatadas por medios comprados en las que se encumbrará su capacidad metamórfica para abrazar la democracia por un convencimiento íntimo o por la aparición de santa Teresa, miren a la izquierda de la foto y comprenderán mi chistecito. 


A nadie de esa mayoría inconsciente se le ocurrirá indagar en los tejemanejes de Torcuato Fernández Miranda (¿mande?) y el Campechano para colocar en el poder al que consideraban un playmobil manejable. Los hagiógrafos destacarán su ambición política y su capacidad para  jugar al póker en una partida aviesa. Habría que estar loco para investigar en la operación Tarradellas y el desarme de la izquierda catalana (como ahora Arturito) o para averiguar las oscuras razones que movieron a confeccionar la sacrosanta Constitución actual y que tantos espantos levantó en la época. Locutores con bocas prestadas realzarán la valentía para dotar a los españoles de un marco legislativo avanzado y moderno. ¡Venga ya! Que yo no tengo 10 años, que a mí ya no me engañan estos mangantes de la transición. Ya se me hizo una úlcera cuando contemplé estupefacto el enjabonamiento democrático de don Manuel (Fraga) el día de su muerte y ahora no paso porque me quieran meter doblada la figura del hombre de consenso por excelencia (el amo de la mayoría absoluta, el plasmático Rajoy, se dedica a blandir su admiración por esa cualidad como si tal cosa).
El afligido monarca y su alocución previsible y altanera me produjeron vómito negro. Se cree el mataelefantes que no sabemos la que le montó a Suárez con sus amigos militares (Armada a la cabeza) el 23-F. Vive de rentas de otra alocución salvapaís que le hizo ser considerado como el adalid de la débil democracia (incluido para el farfollas de Zapatero) y el garante de la estabilidad política a cambio de inmunidad e inviolabilidad judicial (¡eh, Cristina!).
Puedo prometer y prometo que estos no me vuelven a engañar.   

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