divendres, 7 de març de 2014

HAY MÁS FUERA QUE DENTRO



Un loco es tremendamente peligroso, no tanto por el daño físico que pueda producir a los demás sino por los desperfectos mentales que producen sus bravuconadas en cerebros tan dóciles como las nuestros. Sus comportamientos no respetan las normas sociales que sirven para que el status quo que interesa a unos pocos se mantenga sin excesivo esfuerzo. Un loco no acepta unas fronteras que los demás dan por consabidas, él se ha fabricado las suyas y se mantiene irreductible en su reino. Un loco no tiene los mismos miedos que los cuerdos porque su lógica de responsabilidades es otra. Se rinde ante fantasmas y no se arredra ante un escuadrón de policías.

Estoy en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos.

Un loco es capaz de construir nuevos mundos que a los cuerdos les parecen tan inviables que los niegan para no ser engullidos en océanos enrevesados. Los poderosos y los que mangonean la realidad real declaran inexistentes otras posibilidades que las que ellos dominan. Dicen los cuerdos que esa facilidad para desvariar es fruto de su enfermedad, esa etiqueta reduce a los locos a la condición de disminuidos. 
  
Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina.




Tienen que ser inhabilitados de su función de ciudadanos y recluidos en cárceles donde los empastillan hasta las orejas. En resumen, hay que barrer las calles de candidatos reales de tan locos a la revolución, la última gran locura.
Hay que replantearse la revolución. Hay que incluir a las mujeres y a los homosexuales. Más que cambiar el mundo, como decía Marx, hay que cambiar la vida, como decía Rimbaud. Hay que ir a una micropolítica de situación. Esto lo sabían perfectamente Guy Debord y los situacionistas. Hay que cambiar la manera de percibir el mundo.

Las armas de Leopoldo María Panero eran los cigarrillos y la Coca-Cola ligh, las citas en inglés y en francés, especialmente de poetas malditos. Su religión, los heterónimos y las persecuciones de la CIA. Su escudo, ser un poeta loco.

Es una tragedia de una horrorosa sordidez en la que al proletariado, tras 40 años sin ideología, no le queda más que la picaresca. Eso es España. Éste es un país de sudorosos obsesionados con el fútbol y con los toros por culpa de la represión sexual. Son tan machos....

Ayer murió solo, qué otra forma de morir existe. Murió lleno de locura, su literatura lo atestigua. Tal vez después de muerto sea más peligroso todavía.  

4 comentaris:

  1. Gran homenaje,yo Uruguaya adoro a ese "loco" he buscado y ahora encuentro ,una despedida a su altura,gracias Jordi,comparto

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  2. La locura es un síntoma más de un cerebro creativo e inconformista. Es imprescindible algo de locura, siempre que deje lugar a la alegría.

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    1. Leopoldo María Panero está todavía por estudiar pero para mí es una provocación necesaria.

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