dijous, 27 de març de 2014

MI PADRE ME ENSEÑÓ LA LIBERTAD



Alejado de los fastos del día del Padre al Uso (19 de marzo) que conmemora la figura de un Padre tontorrón que se creyó un engendramiento fantasma y que aceptó ser secundario en la historia divina me voy cruzando con otros padres (Mi padre me enseñó a comer) que me cuestionan y me abren veredas diametralmente opuestas a las que marca la sociedad neoburguesa en la que habito.
Hoy le toca el turno al padre del Viajero del Año por la Sociedad Geográfica Española. Hablo de Albert Casals (de este muchachito ya les di referencias en el post Wanted). Viaja en silla de ruedas y sin un duro. Ha visitado 80 países que no es moco de pavo. Ayer me lo volví a encontrar en la contra de EL PERIÓDICO en la sección GENTE CORRIENTE.

Sarolta Ban

Mi padre fue quien me educó durante los cuatro años que pasé en un hospital, entre los 5 y los 9 años. No me leía, porque yo leía por mí mismo, pero hablábamos de todo. Su idea era que yo fuera lo más libre posible para pensar por mí mismo. Mi padre me enseñó la libertad para hacer realidad el sueño de viajar.

La apuesta es de órdago. La protección de los inútiles frente al desapego de los libres. Con 15 años Albert se largó de casa. ¿Abandono? ¿Desamparo? Cualquiera de las dos acusaciones le podrían haber caído a los padres del muchacho por tan desafiante paso. La libertad paga peaje. Es más fácil tener desayunando cada mañana a tus hijos en la mesa de la cocina, pasarles la mano por el cogote, preguntarles por los deberes, llevarlos al colegio en coche (que está a cinco minutos a pie), vigilar su rendimiento escolar por si se descarrían, buscarles unas extraescolares para que tengan un ocio satisfactorio, equiparlos tecnológicamente, ponerles la mejor comida encima de la mesa para que la desprecien porque está fría o porque es verdura, justificar sus irresponsabilidades, evitarles todos los fracasos, llevarlos a psicólogos en lugar de dejarlos llorar y revisar sus errores. Y por la noche, antes de dormir, pasar por su habitación y darles un beso que reconforta. Se me olvidaba. Proclamar a los cuatro vientos que daremos la vida por ellos, pero no somos capaces de hacer el más mínimo sacrificio por encaminarlos a la libertad. El padre de Albert renunció a todo eso pero ahora el Viajero del Año es un tipo libre y con una clarividencia que espanta.

Viajar me permite liberarme de ideas y prejuicios. Porque al ver el mundo a través del prisma de otra cultura consigues liberarte en cierto modo de la tuya. Te vas dando cuenta de que las ideas son relativas y vas ganando el conocimiento necesario para elegir por ti mismo cómo vivir. Esa es la verdadera razón por la que viajo.

Sarolta Ban
Las herencias, en vida.

2 comentaris:

  1. Pufffffffffff, esta última cita me ha encantado. Se la voy a pasar a mis hijos, que espero sean buenos padres...para ir abriendo boca.
    No todo el mundo tiene un padre como el de Albert o un hijo como Albert, pero tienes razón, mucho depende de lo que hemos mamado y de lo que hemos arriesgado.
    Siempre me asombras, se nota esa vena andaluza, no lo dudes... catalán.
    Un besote grande.

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  2. Agradezco tus elogios. Te sorprendería saber la cantidad de retranca (tópico) que tienen los catalanes de pura cepa y supongo que te será fácil comprobar lo agarraos (tópico) que llegan a ser algunos andaluces. Besotes sin banderas.

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