dijous, 24 d’abril de 2014

DESTRUCTIVO



El lindo adjetivo me fue impuesto por una compañera en el día de ayer. Se celebraba Sant Jordi en el instituto y el departamento de Lenguas decidió montar una exposición con libros antiguos y objetos del pasado que registró una asistencia (digámoslo suavemente) discreta. En el otro extremo, el taller de Bachata (qué tiene que ver con el día del Libro la sensual danza) arrojaba un llenazo espeluznante. La profesora adjetivadora se quejaba amargamente del fracaso y yo simplemente me limité a poner cara de qué esperabas. Cuando me disponía a argumentar los detalles de mi rostro me cortó en seco con el calificativo de marras.



Doy por supuesto que para destruir tiene que haber algo en pie. La endeblez de las construcciones idílicamente edificadas por mentes desfasadas o interesadas empieza a ser un elemento recurrente de estos tiempos convulsos que vivimos que arrastran cadáveres que pensábamos inmortales en tiempos estáticos. Nos gustaría que las cosas fuesen de la forma que habíamos pensado o diseñado desde un mundo desaparecido pero las estadísticas de asistencia a la exposición fueron las que fueron. Para descargar la decepción lo más relajante es cargarse al que intenta explicar el fenómeno. Fui una víctima necesaria para no emprender el camino de la reflexión.
Cuanto más me alejo de las justificaciones prêt-à porter más rechazo cosecho. Comprobado empíricamente. Los que apresan las sombras dentro de la caverna no quieren girarse para contemplar el mundo real que se cuece fuera. Los rayos de sol les calientan el cogote pero prefieren seguir persiguiendo siluetas falaces antes que girar el pescuezo y encontrarse lidiando con la intemperie. Y así andamos desde Platón y miren que ha llovido.
Los profesores del departamento de Lengua siguen aferrados a las redacciones casposas y a los poemas infumables que componen alumnos sin vocabulario y sin estructuras de pensamiento y de composición literaria necesarios para ofrecer una mínima calidad. ¡Qué destructivo comentario! Desdeñan los medios tecnológicos por los que se expresan estos nativos digitales. Siguen repitiendo la estructura de los Juegos Florales de principio de siglo como si el mundo no hubiese dado vueltas desde entonces.
Un buen destructor como yo tiene que hacer honor a la condecoración. Observen la nueva versión de Cenicienta y verán por donde anda la arquitectura moderna. 




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