dijous, 26 de març de 2015

UN MINUTO DE SILENCIO



Lamento el accidente aéreo en el que se vio implicado el vuelo 4U9525 de Germanwings con destino Dusseldorf. Comprendo el dolor de sus familiares y su abatimiento. Me parece bien un recuerdo para las 150 víctimas del tráfico suceso. De ahí en adelante no entiendo muy bien casi nada. De ahí en adelante los vecinos, los compañeros de curro, el panadero y sus clientes, los niños en sus escuelas y los viajeros del metro empiezan a moverse de una forma automática y a utilizar expresiones empaquetadas para la ocasión para que la noria gire al ritmo que tocan los acordes de lo socialmente correcto. La negatividad se combate con una ceremonia casi absurda. Podría considerarlo un proceso banal e irreflexivo, un comportamiento modernamente tribal, creo que va más allá. 


Hay algo que me produce mal gusto y un cosquilleo molesto por dentro. Constato que en este mundo hay clases hasta en la muerte. ¡Vaya descubrimiento! El ajo sigue oliendo a ajo aunque aceptemos que es lógico que un ajo huela así. Son los medios de comunicación los que dictan la importancia de cada fallecido, los que gastan tinta o cintas de video para trasmitirnos la partitura de lo que debemos sentir. ¡Pues claro, comunican! Hay muertes próximas y muertes lejanas. Las lejanas son como si sucediesen en una película y como el cine es virtual pues no remueven ni un ápice de compasión. Otra cosa son las muertes nuestras, las que se producen cerca de donde respiramos, las de alguien con el que nos rozamos, entonces sí las sentimos (sobre todo si es blanco, con papeles y de clase media). Es normal. Es comprensible. Es lógico. Depende. En esa jerarquía están comprendidos nuestros valores subliminales, detrás del precio de cada muerte está lo que vale su vida. Las que se venden al por mayor y otras que son más caras porque son exclusivas, únicas. O útiles.  
No quiero caer en la demagogia ni tan siquiera bordearla pero me sorprende que no hagamos minutos de silencio más habitualmente, no cuesta tanto. Me sorprende que nuestros políticos no repitan más habitualmente que van a poner “todos los medios disponibles” no solo en repatriar cadáveres (que deben hacerlo) sino en evitar que la gente anónima se muera debajo de un puente o esperando un tratamiento de coste astronómico. Tres presidentes unidos  (el cuarto encubierto, Artur Mas) mirando las montañas donde se estrelló el aparato me hacen sentirme manipulado y pedir un minuto de silencio por la dignidad, o mejor, por la igualdad.


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