dilluns, 2 de març de 2015

DESCONCIERTO EN EL PELOTÓN



Imaginen que un disciplinado ejército marca el paso con fuerza mientras desfila confiado en su potencia y en la voz de mando que ordena con vigor los movimientos y la dirección. Un, dos, un, dos, un, dos. No hay que pensar, simplemente hay que guardar la distancia con el de delante y los dos de al lado, levantar el pie cuando toca y zapatear cuando así lo decide la voz de mando para comprobar que la unidad es perfecta. Un, dos, un, dos, un, dos. Así ha sido la educación durante mucho tiempo. Curriculums estables, metodologías tradicionales, marcos perfectamente fijados. Los cambios sociales y la maldita tecnología ha empezado a distraer el ritmo perfecto del pelotón que empieza a disgregarse sin remedio.


La introducción de los ordenadores en el aula fue traumática, profesores idólatras de la tiza y de los apuntes amarillentos tuvieron que rendirse a las potencialidades de la informática pero no sin sentirse atosigados por infinidad de peligros que amenazaban la paz de las clases y el rendimiento de los alumnos (siempre dispuestos a saltarse las normas para jugar o chatear). En lugar de invertir en responsabilidad (que da réditos a largo plazo) se prefirió la senda de las prohibiciones. Los profes se sentían mínimamente seguros porque la llave de la tecnología la conservaban en sus bolsillos, pero precisamente, en otros bolsillos, los de los alumnos, crecían unos aparatos que dejaban las prestaciones de los portátiles a la altura del betún. Crecieron en clandestinidad aplicaciones y velocidad de conexión que dejaban a leguas de distancia los recursos institucionales. El móvil empezó a ser un peligro real para el pelotón que había mantenido la exclusividad del saber.
Estamos en tránsito y como casi siempre el profe será el último en enterarse, escucha voces lejanas pero fundamentadas que hablan de levantar el arresto a los móviles y sacarlos de los bolsillos de los alumnos para convertirlos en armas amigas. Y cuando el río suena, agua lleva. Empieza a ser un sinsentido ir todos agrupados como autómatas, se abre un tiempo de definir criterios de forma autónoma, cada disciplina y cada educador deben decidir cuando pegan el zapatazo, por donde desfilan y para qué lo hacen.
No descuiden la importancia que tiene el sector de la telefonía en el contexto económico que alborea en el siglo XXI, en Barcelona tenemos instalados esta semana cerca de 90.000 soldados que tienen la misión específica de meternos los nuevos juguetitos por las orejas, sí o sí, la educación es un mercado apetitoso y no puede seguir en cuarentena. Al profe le han cambiado las riendas, deja el monopolio de los medios para comprar acciones en la coordinación de los saberes. Los ideólogos que justifiquen el cambio están redactando argumentaciones a toda pastilla para que nadie se quede sin sustento conceptual.
En diez años los niños no irán a clase con esos carretones de libros con los que ahora se fastidian la espalda sino que llevarán en su  cartuchera un móvil ultraplano 7G, unas gafas 3D y unos cascos diminutos. Un chip de idiomas subcutáneo y un programa de reconocimiento de voz, aplicaciones varias relacionadas con cada asignatura (no descarten que aparezcan nuevas y a poder ser que se pierda en la noche de los tiempos la maldita religión). A uno le gusta de vez en cuando emular a Fritz Lang, lo demás, es cosa tan solo cuestión de tiempo.
  

3 comentaris:

  1. Pues Si, el mundo evoluciona a ritmos, muchas veces más veloz que nuestras mentes.

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  2. Ya no vale el un,dos,un dos... Ahora hay que buscar criterios propios.

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