Desde el 2008 (inicio de la crisis) se han
producido cambios, después de siete años ya podemos empezar a interpretarlos y
a descifrar (con más claves) el futuro (sin bola, por supuesto).
La contracción de la economía mundial por culpa de
una estafa en el centro del sistema económico se trasmitió globalmente por todo
el planeta y como no podía ser de otra forma perjudicó a los
más desfavorecidos y benefició a los más ricos que se aprovecharon de las
debilidades ajenas para engordarse la faltriquera un poquito más. Nada nuevo. El expolio sucedió durante un estado de anestesia generalizada. Cuando el conjunto tomó consciencia del desfalco y del futuro negro que se cernía se seguía descendiendo aparecen los movimientos de indignación (15-M), poco a poco se creó
una conciencia entre los perdedores que intentaron frenar al ogro neoliberal (por llamarlo de alguna forma) articulando
soluciones políticas (o sea, aceptando las reglas del sistema) alternativas que
han cuajado en Grecia y que esperaban gobernar en España. Pero algo inesperado se
ha producido en los grandes proyectos transformadores, un frenazo (lógico),
Varoufakis ha sido relevado en las negociaciones con la UE y Podemos empieza a
perder fuelle.
El “militante investigador” Miguel Benasayag (ver
magnífica entrevista en el Diario.es) nos manda un ejercicio de inicio: “ya no funciona la idea de que tu situación y
realidad concreta – y lo que debes y puedes hacer desde ahí- se puede explicar
o deducir desde un universal exterior a ella”. Estamos según él en lo que
se podría calificar como el triunfo de
la dispersión. Ya no podemos esperar que caiga el maná ni que venga la religión, el Estado, las ideologías, las filosofías o las demagogias a darme las coordenadas de actuación. El
mundo se ha fragmentado y cada molécula debe buscar su solución justa. Benasayag introduce el concepto de situación.
Unidad
que permite volver a territorializar la vida, el pensamiento y la acción.
Es cierto que ante cada una de las situaciones
oponemos una forma de entender el mundo que engloba muchas sabidurías previas,
pero ahora corresponde aplicarlas al hecho concreto al que me enfrento y que
vivo hoy, aquí y ahora. Muchos son los que rehúyen este combate, esperan que lleguen las mayorías tranquilizadores, las estructuras supremas (siempre arriba) que siempre aceptaron como poderosas y no
quieren entrar en el cuerpo a cuerpo que requiere este momento de la Historia.
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FEDERICO INFANTE |
Resistir
no es sólo oponerse, sino crear, situación por situación, otros modos de vida y
otras relaciones sociales.
En un mundo que tiene como dios supremo la felicidad y el
placer, el conflicto parecía desterrado, Benasayag le reconoce capicad creadora y lo sitúa en la base de la vida y del tejido social (separándolo de otra palabra que no significa lo mismo: enfrentamiento). España entrará en breve en este proceso, cuatro fuerzas
políticas que litigaran por el poder (Benasayag prefiere hablar de gestión del mismo)
y que tendrán que buscar equilibrios si no quieren acabar en guerra (lo que
siempre auguran los poco acostumbrados al pacto).
¿El futuro? Los procesos de cambios sociales son
largos (un análisis somero de la Historia así lo atestigua), nada de darle la
vuelta al calcetín en unas elecciones, en una legislatura o en dos. Según
Benasayag la clave está en crear una
racionalidad más compleja, más rica y menos lineal. Amén.