dimecres, 15 d’abril de 2015

MISÉRRIMO



Desayunar un 14 de abril con Marhuenda comentando unas declaraciones de Felipe González que establecía un paralelismo entre Podemos y los extremistas que hicieron caer la Segunda República desde dentro es para que se corte la leche, se rompa la taza y se me abra una úlcera ipso facto. El ínclito vocero periodista se amparó en su limpieza de franquismo para poder evaluar la República y concederle el apelativo de mito de la izquierda de este país. Más corrosión para mi estómago. El expresidente, ahora abrazafarolas (¿no es eso Pedro Sánchez?) camarada de referencia, está como siempre al servicio del progreso, sí, sí, del progreso del capitalismo. Ha escuchado desde su retiro dorado que se acababa el bipartidismo y ni corto ni perezoso se ha arremangado para evitarlo. Demasiada mierda debajo de las alfombras como para que lleguen el Coletas (clon de Aznar, para que luego digan que la guasa era de Guerra) y se dediquen a difundir lo descubierto. Hay que echarle una manita a Pedro y a los compañeros, al partido que ha transformado España y que consiguió las mayores cuotas de bienestar (la evolución de los salarios revoca las triunfales tesis socialistas pero la gente no guarda las estadísticas), la educación para todo el mundo y la corrupción para unos pocos (Roldán ahora convertido en vedette de Sánchez Dragó). 
Felipe el Misérrimo, el deseo de todo presidente yankee, el que cambió el voto de una país atemorizado y que ahora vuelve a hacer chistes con la llegada de otro Pequeñito si ganan los de Podemos, no tiene caducidad. Después de que se hiciese pública la vida monacal que disfruta en una de las puertas giratorias más sonadas de nuestro país, todavía se atreve a manchar la memoria de la República con el único objetivo de taparse las vergüenzas. Y pensar que yo pensé (normal a los 16 años) que este tipejo traería el cambio y que me lo creí hasta casi la treintena (suerte de la susceptibilidad de Mallard). Y pensar que los abueletes de izquierdas sienten veneración por este farsante y lo canonizan junto a su adlátere Alfonso como si le debieran la pensión. Misérrimo.
La primera legislatura de Zapatero molesta y por eso lo dejan mudo en el congreso municipalista, lo humillan a ver si deja de pasear la ceja y lo que es peor, si se arrepiente toda la vida de marcarse unos pinchos nocturnos con los parientes complutenses de Varoufakis. Fuera. Aquí manda el sheriff Felipe y con un estilo más propios de José Luis Moreno que de un expolítico experto deja vivo al plasmático Rajoy y se ceba con los de extrema izquierda. Hemos descubierto hace cuatro días que es abogado y que quiere defender a los represaliados venezolanos por el Diablo Maduro. Ese altruismo, esa defensa de los derechos humanos contrasta mucho con su acción de gobierno.
Hace poco entrevistaron a José Alcubierre en el Intermedio, exiliado republicano superviviente de Mauthaussen. Pisoteado por el Pequeñito (terminología González) y despreciado por la democracia y por el líder populista sevillano (ningún interés por restituirles una dignidad pisoteada). Muchos países pagan pensiones a estos luchadores por la democracia, ¿aquí?, ¡por favor!, si fuese por Marhuenda todavía le cobraban una tasa antirrevolucionaria. Este luchador que vivió el horror nazi, con un hilo de voz que se quiebra por la emoción, sigue confesándose republicano.


 Solo por este testimonio, hoy, 15 de abril, sigue luciendo un sol irredento que se junta con el rojo de la vergüenza y el morado de la esperanza para desterrar cuanto antes la bazofia misérrima. SALUD Y REPÚBLICA.

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