dijous, 9 d’abril de 2015

ALÓ ALCALDE



Los chavales se distribuyen por la sala de plenos del ayuntamiento, la miran con recelo, no sabían de su existencia. La alegría en sus bocas proviene de saber que van a perder un par de clases, la anterior cita coincidió con las huelgas de estudiantes pero el responsable máximo del pueblo insistió en el encuentro. El alcalde entra cuando están ya sentados (por la responsable de su gabinete de alcaldía, ¿demasiado gruesa la administración local?), presenta al regidor de urbanismo y al de Servicios Personales que le acompañan en el campechano acto. Les explica con detalle el funcionamiento de la maquinaria del consistorio. Dos simples  preguntas a los asistentes le garantizan que aquellos muchachos todavía adormilados (el horario es ideal para garantizar su docilidad) que tiene frente a él (a un año escaso de poder participar en las elecciones) no tienen ni puñetera idea de lo que se cuece en un ayuntamiento. Les explica a la perfección que estamos en una democracia indirecta (aunque a él le gustarían las listas abiertas, qué casualidad pero es lo que dicen todos los partidos de izquierda pero no han hecho nunca nada para que se implanten), les detalla los logros conseguidos en la legislatura y con una superioridad insultante (como si llevamos a Hegel a un suburbio) se escuda en la lentitud administrativa (Larra vive) para explicar lo no conseguido y sin rubor se lanza a la piscina para criticar a ley Montoro (los chavales ni flores) que deja a los responsables municipales con las únicas atribuciones que les son propias (suprimiendo las faraónicas intenciones que los guiaban en tiempos de bonanza). Habla de Fuenteovejuna (todos los ayuntamientos están manifestando una relativa insumisión al Fraguel ministro de Hacienda) para justificar su vulneración de las leyes, supongo que si los chavales se les ocurriera hacer lo mismo acababan en el cuartelillo municipal, pero ya sabes que la ley del embudo sigue vigente también en la base de la pirámide política.
Lo mejor de la mañana ha llegado cuando una alumna ha preguntado al alcalde por la limitación de mandatos. Él ha dado un recorrido por los diferentes sistemas europeos (había preparado el tema) y ha hecho una filípica contra aquellos que viven solo de la política, ha rematado su respuesta poniendo a sus dos ediles compañeros (funcionarios en excedencia de otras administraciones) y a él mismo (no ha especificado donde tenía plaza) como ejemplos de permanencia en la política como vocación de servicio y no como ostentadores de un oficio vitalicio. Brillante y convincente alegato a favor de la política en mayúsculas, demoledora réplica a los que ocupan un cargo público para enriquecerse o para vivir a costa de los impuestos de los esforzados ciudadanos.
La misma alumna que ha preguntado se ha quedado de pasta de boniato cuando en la orla de los alcaldes de la era democrática (1979-2015, 36 años) solo figuraban dos fotografías, una era la del que le había respondido hacía escasos minutos (16 años de alcalde) y otra la de su predecesor (¡récord! 30).
Moraleja. Hasta que no se conceda un carné de ciudadano que incluya el conocimiento exhaustivo de lo que sucede en las salas de plenos y aledaños lo de la regeneración política será una pantomima. Difícil si el 40% de los españoles sigue siendo analfabeto pero votan todos.   

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