dimecres, 8 d’octubre de 2014

REÍR POR NO RABIAR



La risa es una válvula de escape que saca las tensiones para afuera. La rabia mancilla el organismo y lo deja hecho unos zorros. Reírse de las patochadas de unos inútiles profesionales es relativamente terapéutico, saber que juegan con las vidas de los ciudadanos es inquietante.
El gobierno rajoyista es de chiste, desde la iluminada y virginal Báñez (nos jodió con la reforma laboral) hasta el ultracatólico condecorador de Vírgenes Fernández Díaz (nos cortó de cuajo los derechos ciudadanos). Desde el Fraguel Montoro (sube que te sube impuestos) hasta el bocazas Wert (olé consenso en la ley de educación). Desde el Petrolero Cañete (ya exportado a las Europas) hasta el Abortable Gallardón (dimitido y colocado a los dos días). Del Sandro Rey de Guindos (siempre con cifras que no cuadran) al Rambo Morenés (siempre necesita más pasta en verano). Pero el paroxismo se alcanza con doña Mato. Merece capítulo aparte y distinción de honor. 


No fue suficiente el escarnio sufrido por sus relaciones con los Gürtel, sus toneladas de confeti, sus viajitos a Eurodisney y los Jaguar que aparecían en su garaje por arte de birlibirloque. Que los políticos trincan no la hace distinta. Lo que caracteriza a Ana Mato es el silencio, se dedicó a menguar la sanidad pública sin una declaración fuera de tono, se escaqueaba de ir a Europa donde se mueve el cotarro sin dar una explicación. Con su hieratismo a lo dama de Elche la señora aguantaba el tipo y dejaba que los palos se los llevaran sus colegas más bocazas. Una alumna aventajada de su plasmático presidente. 
Ha tenido que llegar un bichito microscópico para forzar a la ministra e enseñar su cara más berlanguesca. En agosto, en plena ebullición de la epidemia de ébola, ella estaba en el Puerto de Santa María tan ricamente en la playa. Coordinando por watsapp los dispositivos anticontagio. Cuando compareció ante la población el pasado lunes se dedicó a refugiarse tras la pantalla de los expertos, ni que una ministra de Sanidad tuviera que saber del virus letal, eso ellos. Un político comparece ante la opinión pública (qué mal ejemplo dejó su padre político Aznar) para ofrecer todos los datos disponibles y en la medida de lo posible evitar el pánico. Doña Anita Mato nos dejó temblando con cuatro palabras que pronunció.
  
Se está buscando la fuente del contagio. Los españoles deben estar tranquilos

Las dos frases pusieron a prueba la capacidad mental de los ciudadanos de este país. Si no sabes cómo puedes asegurar. Jordi, si es lo que hacen siempre. Es cierto. Pues en Alcorcón están cagados, se han enterado de que la auxiliar vivía allí por los medios de comunicación y no han visto a ningún representante del ministerio de Sanidad. Jordi, no insistas, lo hacen siempre. Es requetecierto.
Mi panadera se preguntaba esta mañana qué falta hacía repatriar a dos curillas para que se muriesen aquí. Y argumentaba que si no sabían torear para qué se habían metido en honduras. Recordaba las fotos de los enfermeros sin traje en la ambulancia que trasportaba al padre Pajares al hospital y daba detalles de todas las cagadas (cursillo de 15 minutos a los cuidadores incluido) que se han producido en el proceso. Cuando la mofa llega a la panadería la cosa es grave, antes la gente se entretenía con el furgol y con la Esteban, ahora se interesa por la política, se ha percatado que elegir a quien mantiene a raya al bichito cabrón es básico y que aquella papeleta que pone cada cuatro años no se puede elegir por forofismo.
Hay quien pide la dimisión de la ministra, ya le gustaría a la tripona poder disfrutar de un retiro a lo Gallardón. Yo pido su recolocación inmediata en el hospital Carlos III.  

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