dilluns, 13 d’octubre de 2014

SÓTANOS



En la superficie están los fariseos y en los sótanos los listos. Mientras arriba se estilan los golpes en el pecho escandalizados por la actitud vergonzante de los consejeros de Caja Madrid que utilizaron la neoarchiconocidas tarjetas que escupían dinero negro, en los sótanos, lugares lúgubres donde no cotiza lo políticamente correcto y está perseguida toda forma de hipocresía, suele imperar un cordura productiva que otorga licencia de lógica a lo que los incautos de arriba califican como tropelías. Si te dan barra libre y la responsabilidad en el desfalco es derivada, se puede considerar NORMAL que decidas consumir lo que te venga en gana, desde masajes a jamón de Jabugo desde instrumentos musicales a rosarios. El perfume de la honestidad huele a supermercado de suburbio, en los sótanos solo gastan incienso de Christian Dior.
Algunos no lo hicieron esgrimen los incautos del primer piso mientras se produce desternillamiento generalizado en los sótanos. Allá su conciencia. La ética para estos habitantes del inframundo es un chicle, se puede alargar y acortar según el momento y los protagonistas.


En la superficie rigen los prejuicios. Si el que mete la mano es un sindicalista el murmullo se convierte en vocerío, uno de los nuestros en el negocio de los otros. Si el que saca los billetes de la chistera es un ricachón se pasa por alto, ya se sabe que llevan el beneficio en la sangre. Si la mano que gasta es de un político se etiqueta de corrupción y después de dos exabruptos y dos retahílas consabidas se crea una comisión de investigación de las que arrojan impunidad a raudales.
Colocada la moralidad en el borde del plato, el intríngulis de las tarjetas está en la discreción. La casta de tarjeteros creó una atmósfera de intimidad proclive al mangoneo que se prolongó durante años. Quién denunciará un sistema del que se beneficia, los habitantes del sótano aplauden a rabiar la pericia de Blesa y sus caballeros para encontrar el equilibrio perfecto. Los de la superficie siguen estupefactos por la facilidad con la que trincaron y suspiran por las noches por llegar un día a ser suplentes en la lista de los elegidos ¿Y la policía? Hagámoslos partícipes del negocio y estarán ocupados deteniendo inocentes protestones. ¿Quién pagará la factura de los derroches? Para eso ya están los abuelos con ahorros que se fiaron de los encorbatados directores de sus sucursales, amigos de toda la vida que los metieron en el infierno. Luego se les chupará la sangre a los currantes de tres euros la hora que pedían hipotecas para optar al premio de candidatos VIP al desahucio. Los que no saben. Los que no van. Los que no tienen ventana por la que mirar. Los que jalean a veintiún tíos persiguiendo una pelota. Hacienda somos todos.
El gran problema de las tarjetas black no ha sido el dinero gastado, el país siguió su curso, la crisis tapó las vergüenzas, el gran problema seamos serios y didácticos a la vez, fue ese maldito delator que rompió el círculo virtuoso para satisfacer el ego de un partido justiciero. En los sótanos no hay micrófonos, ni cámaras, ni correos fraticidas. Los directivos más astutos del condado estaban dispuestos a darle una tarjetita si hubiesen sabido de su peligro, se aprovechó de su buena voluntad y de su confianza, qué vergüenza. Por favor, aguafiestas, que donde caben mil caben mil uno.

2 comentaris:

  1. En el sotano además habitan aquellos que gastandose nuestro dinero tienen la poca vergüenza de apuntillar diciendo que no sabían que estaban haciendo algo ilegal, son muy listo para lo que quieren, para otras cosas, se hacen los tontos y lo que es peor, nos toman por tontos.
    http://curiosidadesasombrosasweb.blogspot.com.es/

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