divendres, 3 d’octubre de 2014

Y COMO ESO, TODO.



Una de las grandes cagadas de los líderes que beben del pasado es intentar contentar a todo el mundo. Para aglutinar mayorías que les aúpen al poder (condición perversa de la sacrosanta democracia) quieren ser los novios en todas las bodas. Todos los problemas que exceden a los cuatro años de legislatura (que siempre son tres, el último es inhábil porque tienen que preparar la próxima victoria) son tratados con una superficialidad insultante para los ojos neutros.
El último espécimen puro de lo que les hablo es PEDRO SÁNCHEZ. Ha naufragado tanto el PSOE en los últimos tiempos que han depositado en este muchachote la responsabilidad de reflotar la nave. Este partido histórico no se ha enterado que los tiempos han cambiado y que la cuestión ya no radica en cambiar los cromos de los comandantes al mando. No es cuestión de cambiar al insulso Rubalcaba por un pseudomoderno Sánchez.
Ayer tuvo una salida de tono bastante gorda. Propuso que para visualizar la preocupación que producen los asesinatos de género, los funerales de las víctimas fueran considerados de Estado, o sea, que tuvieran representación de miembros del gobierno si la familia lo permitía. Al estupor inicial he tenido que sumar algunos calmantes emocionales para poder resistir las declaraciones matizadoras de otros compañeros del iluminado Sánchez. Se supone que este señor ha venido aquí para solucionar problemas no para poner barniz del malo a los ya existentes. El problema de la violencia (doméstica) de género tiene raíces profundas que requieren soluciones profundas también. No se puede poner este tema en manos de populistas baratos que con su buenismo generalizado sigan manteniendo las estructuras crueles que lo provocan. La muerte de mujeres a manos de agentes del patriarcado imperante no es más que la punta del iceberg, los que afilan los cuchillos están inmersos en estructuras muy fiables. Hablo de la familia que trasmite dominios de generación en generación, de la educación que se ve incapaz de dominar las desigualdades, de la publicidad que fomenta los roles, del mundo laboral que perpetua el negocio. Y ese es difícil que las soluciones vengan de los que trafican con votos. Una verdadera (y sincera) preocupación por esta lacra social no caería nunca en soluciones facilonas de cara a la galería y traería debajo del brazo proyectos más elaborados. 


Convertir a la víctima (vocablo que hunde más a las mujeres que están en la cola del patíbulo) en mártir no es la solución, señor Sánchez. Usted no pinta nada en los funerales, su puesto está en el puente de mando creando hábitats donde las mujeres pueden vivir su diferencia alejadas lo máximo posible de las propuestas simplistas de Igualdad de los gobiernos zapateristas. No se preocupe tanto de diferenciarse del Coletas acusándolo de populismo cuando su boca escupe el más genuino.
Y como eso, todo.

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