Aprovechen para leerme porque las hienas andan tras de mí para que deje de mear acideces. Me veo en cuatro días como el pequeño Nicolás. Ya se lo explicaré (la censura mediante) en próximos capítulos.
Los engolados papanatas que dirigen Catalunya han
escampado urbi et orbe que poner las urnas es la máxima expresión de la
democracia. Los más malintencionados les recordaron que Hitler también se
sometió al dictado de las urnas y acabó pasando de ellas. Se refugiaron en el epígrafe
inconcreto del DERECHO A DECIDIR para estirar del ovillo buscando complicidades
equívocas y paraísos irreales.
Los mesiánicos agitadores de la bandera tuvieron
serios problemas para definir qué sucedió el 9N. Referendum, consulta, pseudoconsulta,
encuesta, megaencuesta, manifestación participativa. Y obviamente si la primera
premisa se manejó a antojo no te digo lo que sucedió con los resultados. ¡El
pueblo catalán se ha expresado! ¡El veredicto de Catalunya es incuestionable!
¡Hemos recibido un mandato claro del pueblo catalán!

La democracia es algo más que un voto, tiene mucho
más que ver con el respeto, la libertad o la capacidad deliberativa que con un
objeto con una ranura en la superficie. Las urnas son el final de un camino,
nunca el principio. Los que quieran apuntarse a la nueva política deberán de
reciclarse y comprender que eso de manejar el voto de los ciudadanos para
conseguir confianzas de cuatro años está en extinción. Observo la emergencia de
una fuerza como Guanyem Barcelona que está en proceso de definición del código
ético de los que les representarán. Pídanselo a los corruptos y a los viejos
padres de la democracia se lo resumirán en una línea: Dadme vuestro voto con el
que haré lo que me dé la gana, los logros son míos y los incumplimientos culpa
del otro.
Hoy han puesto las urnas en mi instituto. Qué
casualidad, la misma que se utilizó el 9N, ya ha empezado un nuevo país. Si hay
algún órgano inútil en la institución educativa catalana es el Consejo Escolar,
los sabios dirigentes (Ernestito Maragall a la cabeza) ya se encargaron de
vaciarlo de contenido y dejarlo para ratificar las políticas autoritarias de
las direcciones. Los alumnos han votado en fila, un 20% del censo (alumnos de
Primero) sin conocer a sus representantes (solo por fotos puestas en los
pasillos). No ha habido proyecto, ni ideas, ni nada de nada. En el sector de
profes ha habido un tejemaneje descomunal, dimisión de un miembro que ocupa un
candidato de las elecciones anteriores, candidaturas de última hora y
votantes cuando ya se estaba procediendo al recuento. Todas las garantías
electorales borradas de un plumero. Pero…¡hay urnas! ¿Y los padres? Ya verán la participación,
parecida a la que hubo el 9N (permítanme un poquito de ironía). A lo que les
alarguen las llamadas y las súplicas de los interesados en mantener el barniz
pseudodemocrático.
Los procesos deliberativos en mi instituto se
limitan a seguir las ordenes que vienen de arriba. A la disidencia (yo y alguna
otra descerebrada) se le persigue con vara firme con la mirada cómplice de los
demás. Y ya tenemos el partido donde queremos: los nuestros (protegidos) y los
otros (perseguidos). Pero no lo duden, ha habido urnas (trucadas) para elegir a
los que no sabemos ni lo que prometen, ¡ha vuelto la democracia orgánica!.
Tal vez tendríamos que observar con microscopio las bacterias de este país antes de construir otro. Principalmente para que no manden los mismos
perros con distintos collares (estelados).