divendres, 21 de novembre de 2014

NO ME VENGAN CON MILONGAS



Entiendo que los creyentes católicos (practicantes, no practicantes y otros grupúsculos) quieran hacerse ilusiones de pertenecer a una organización adaptada a los tiempos que vivimos, entiendo también que después de los estragos del ultraconservador y santificado Juan Pablo II y de la espantada del Bendito quieran ver en Paquito la reencarnación del Che Guevara espiritual pero a mí que no me vengan con milongas.
Entiendo que Pablo Iglesias para captar el voto católico progresista exprese su admiración por el barniz que el Papa argentino está aplicando en las formas, entiendo que a los medios de comunicación les llene páginas y fotos con gestos populistas pero a mí que no me vengan con milongas.
Cuando me enciendo y ardo de rabia es cuando observo cómo la Iglesia, especialista en mutaciones sospechosas a lo largo de toda la Historia, se autoencumbra como paladín de la libertad y de la justicia mientras subyuga al populacho temeroso y débil. Cuando se atribuye el monopolio de la respuesta a la pobreza o lo que ya me ha parecido el súmmum del descaro cuando hace márketing con sus propios pecados. Profundizo.


El Papa Francisco I en persona descolgó el teléfono para pedirle perdón a Daniel (pseudónimo de un joven profesor de una escuela del Opus Dei en Granada) por los abusos sexuales que tres sacerdotes (con la complicidad de otros y un par de laicos señoritos) perpetraron sobre su persona. Conmovedor para los que tienen ansias de cambio. Asqueroso para mí. ¿Dónde queda lo de que una mano no se entere de lo que hace la otra? Por cierto, ¿el Papa ha llamado personalmente al resto de víctimas del mundo? Lo digo porque echaría más horas al día que las telefonistas de Vodafone y Movistar juntas. ¿Por qué éste? Los ansiosos de modernidad eclesial me acusaran de mal pensado pero ya saben que es el preludio del acierto. Más preguntas incómodas, si todo un Papa se disculpa significa que ofrece veracidad a la denuncia, no admite dudas, dispone de pruebas fehacientes que obligan a pedir perdón. Entonces, ¿por qué no lo denuncia ante la justicia ordinaria para que los culpables paguen su delito? El Papa y sus subordinados son cómplices o encubridores como en tantas otras ocasiones. La llamada al granadino es una magnífica coartada para que todo el mundo se quede con la imagen de que la Iglesia ha cambiado y que ahora va a entrar en serio en el pantanoso tema de la pederastia y de los abusos sexuales. Me sobra la foto, me sobra la publicidad, me sobran los gestos que no se acompañan con actos inconfundibles de rectitud moral.
Sr. Bergoglio, diríjase a una comisaría y denuncie, con nombres y apellidos, con pelos y señales, si no lo hace usted lo pueden hacer otros en su nombre, propongo al brillante arzobispo de zona, el editor de manuales de esposas abnegadas que se muestra remiso a la hora de implementar su perdón. Y si no lo hace…¡no me vengan con milongas!

4 comentaris:

  1. Np se pueden pedir peras al olmo.
    Estoy de acuerdo, después de tanta publicidad, está claro que todo lo publicado es cierto y demostrable. Denuncien, señores, denuncien.¿ Qué mejor muestra de intención de cambio?
    Como siempre, y un placer leerte. Besotes

    ResponElimina
    Respostes
    1. Y ahora se tiran al suelo a pedir perdón, ¡vaya espectáculo! Besotes de vuelta.

      Elimina