divendres, 7 de novembre de 2014

DISIDENCIA



 Dedicado a mis admiradores secretos que sin ellos quererlo dan sentido a este blog.


El poder se siente impune. La capa de legitimidad que lo encumbra sirve para tapar los atropellos. Una sociedad distinguida por el individualismo feroz es muy vulnerable. No hay que luchar contra una multitud, hay que ejecutar al disidente.
Hablo de mi experiencia personal y de la situación que nos envuelve. Perros sarnosos (sí, no os escondáis en el anonimato) están dispuestos a mordernos el tuétano para que no hablemos, para que no pensemos, para que no provoquemos, para que no desviemos el curso natural de la Historia que conduce a la dominación del más fuerte. Hienas miserables (sí, vosotros) dispuestas a silenciar la disidencia.


Toco la mesa de trabajo (enorme) del Maestro Ai WeiWei que ejerce de núcleo central de la exposición On the table en el Palau de la Virreina de Barcelona. Él no está, no lo dejan salir, ha mandado su obra y su espacio creador al mundo para que podamos contemplar que la libertad de expresión sigue siendo una quimera. Paredes llenas de peinetas (dedo irreverente y obsceno) que se ríe de los logros de la humanidad que es incapaz de llegar al fondo de la represión para erradicarla del espíritu. No sirven de nada tantas declaraciones universales ni tantas constituciones ni tanta buenismo leguleyo si un artista no puede denunciar al poder sin que se le pueda represaliar impunemente.
No quiero que la próxima generación tenga que luchar por lo mismo que yo. Es una misión fundamental de la cultura, acabar con la fuerza depredadora para encontrar la vía de la cooperación. No es fácil, los guerreros (sí, vosotros que tenéis armas de todo tipo) tienen el ejército y la violencia y someten el miedo humano a porrazos. La libertad comporta el derecho de cuestionarlo todo. El pensamiento tiene prohibido tomar asiento, conformarse, acomodarse en el primer escalón de un logro. Todo se puede perder a la primera ventolera un poco intensa (os suena el derrumbe de nuestro estado del bienestar en cuatro o cinco años por culpa de una crisis periódica). Mi palabra preferida: Acción. El Maestro Disidente Ai Weiwei descubre la potencia de las redes sociales, de los blogs (sí, os jode, ya lo sé), convoca a sus seguidores y en segundos hay respuesta, hay conocimiento que puede llevar a la consciencia colectiva. Sabe que es una oportunidad y la explota.
Al final lo someten, lo detienen, lo acusan de evasión fiscal (sí, siempre lo mismo, excusas para hacer callar). Cinco meses desaparecido, cuando vuelve a casa le prohíben hablar. Le prohíben twitear. Ya le pegaron produciéndole un hematoma cerebral, ya le demolieron su estudio para que no crease, ya le acosaron con vigilancias intimidadoras. Reconoce en el documental que lleva por título Never Sorry, que si el miedo incrementa el peligro es mayor.


La disidencia es una casta reservada a personajes dotados de un gran curriculum desobediente, labrado en múltiples desafíos, expresado en obras de arte que acaban produciendo cambios. Así sea (sí, a pesar de vosotros).

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