dimarts, 11 de novembre de 2014

LOS PADRES SE HAN QUEJADO



Es una frase tabú. Cuando te la pronuncia un superior jerárquico ya estás apañado. La sentencia se desdobla en otra. Los alumnos se han quejado. Una flecha empieza a dispararse contra ti que eres una diana del tamaño de un mamut. No importa tus años de ejercicio, tu destreza profesional, tus conocimientos académicos, tu bonhomía o tu talante personal. La frase sigue desdoblándose, si los padres se han quejado y los alumnos se han quejado, algo pasa. Inmediatamente te sitúas en posición indefensa porque por el carril de la derecha aparece una primera sospecha inquietante de la que te tienes que defender sin acusación escrita. En la mayoría de los casos en la base de la reclamación subyace algo ancestral: los alumnos les gusta currar poquito y cuando se estira la cuerda se soliviantan. Hasta ahí el juego de estira y afloja propio entre un alumno y su profesor. Pero los alumnos de hoy en día son muy conscientes del cetro que tienen en la mano. Una versión sesgada (hablo más de falacias que de mentiras) e interesada (se erigen en juez y parte) de los sucesos les puede ofrecer la cobertura suficiente para seguir hibernando en sus pupitres. Hasta aquí cosas que han pasado toda la vida y que se circunscriben a la relación entre instigador a trabajar y adolescente perezoso.
La situación adquiere gravedad cuando los padres (adultos no lo olvidemos), dan crédito a su hijo (of course, si tiene el cetro) e inmediatamente reaccionan (sin disponer de toda la información, sin deliberar los pros y los contras de su acción) y se presentan ante el superior jerárquico con la sentencia dictada y preparados para el combate contra el profe. El alumno se frota las manos. Éxito. La proliferación de esta práctica marcará una nueva era educativa.


Depende de la responsabilidad del superior jerárquico, de la agresividad y constancia de los padres (pueden seguir trepando por el organigrama de la institución educativa) y de la conciencia del alumno (la manada se adhiere a las reivindicaciones para sacar tajada) la cosa puede ir más o menos lejos.
El proceso educativo está adulterado y se ha convertido en un juego perverso que acabará legitimando los contravalores. Luego nos exclamaremos y nos daremos golpes en el pecho implorando por el fenecimiento de la cultura del esfuerzo. Hipocresía colectiva.
Quiero hacer una necesaria aclaración, obviamente hay casos de fragrante mala praxis docente pero puedo afirmar después de tantos años dando clase (y no me guía corporativismo alguno) que son de una proporción minúscula (nuestro oficio es cara al cliente y las cagadas son muy visibles).
Las raíces del problema (que yo sospechaba) las encuentro reflejadas en un magnífico artículo de Eva Millet en La Vanguardia. Los padres han dejado de ser padres para ser helicópteros o apisonadoras (no digo cuando la metáfora es aplicable a los profes que no pueden separse de su condición paterna/materna cuando entran en las aulas). Padres que están todo el día sobrevolando a sus hijos para evitarles cualquier problema (acrecentando a mansalva sus  miedos y su invalidez) o padres que allanan el camino sin contar que el fracaso es un factor altamente educativo e inevitable en la vida de cualquier persona. O sea, y perdonen el exabrupto, están deshumanizando a sus propios hijos para no tener que padecer sus feroces envestidas de tiranos profesionales.
En todo este proceso yo he decidido resistir, siempre me guió La lengua de las mariposas y ese Fernán-Gómez abatido por aquellos a quien quiso educar. Mi profesionalidad y el respeto que les debo a los alumnos que me toca lidiar me obligan a no bajar la barrera de los límites y fomentar su endeblez en la vida. Yo no. A pesar del asedio de los padres helicópteros o apisonadora cegados porque el niño no abra la boca y les afrente. Por encima de superiores jerárquicos que con su actitud servilista se han convertido en cómplices en lugar de diques necesarios para ofrecer una educación de calidad (y pública) que nada tiene que ver con ponerse camisetas o con incrementar los presupuestos.    

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