dijous, 13 de novembre de 2014

EN TU MANO



Los aires del sur venían en los últimos tiempos muy envenenados. Hablo del V Congreso de Violencia de Género de Andalucía. El primer aldabonazo vino en forma de estadística: el 10% de los jóvenes andaluces creen que debe ser el hombre el que tome las decisiones importantes de la pareja, un 20% cree que la mujer es más débil que el hombre y un 50% que la mujer aguanta la violencia de género. Los datos se extraen del informe DETECTA elaborado por el Instituto Andaluz de la Mujer con una muestra de estudiantes de 3º-4ºESO. Lo que brincó a los medios de comunicación fue la afirmación de que el lugar más adecuado para la mujer era su casa que fue sostenido por el 20% de las chicas y el 28% de los chicos. ¡Uf, qué mal negocio!
Otra brisa cualitativa nos dejaba más desasosiego. Según el coordinador del Servicio de Atención a las Víctimas (mira que me fastidia esa palabra por su valor degradante) de Huelva: El círculo de la violencia que envuelve a la víctima hace que, muchas veces, sintamos que no sirve de nada lo que hacemos, porque ellas vuelven con sus agresores. Pero no podemos dejarlas solas.   
Enrique Echeburúa, profesor del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Facultad de Psicología del País Vasco, pone el acento en la adolescencia como período clave para desarticular la violencia aun siendo consciente de la dificultad que supone incidir sobre adolescentes adiestradas en la figura del príncipe azul. El problema radica en conocer la película completa de una relación para entender como la mano que acaricia la cara se transforma en un puño que la golpea. Ya me lo dijo una alumna de Primero de Bachi, mi novio es muy machista pero nunca me hará nada.  La confianza mata a la mujer.


Los vientos enardecidos que produce la destrucción patriarcal tienen que atenuarse según la profesora de Psiquiatría de la Universidad de Sevilla, Lola Mojarro, con el fin de la excusa social o la justificación colectiva de que los casos de violencia de género entre adolescentes son cosas de niños. Basta de encubrimientos. Hay que vacunar a los sospechosos, si lo tenemos claro con las enfermedades contagiosas por qué dudamos con aquellos jóvenes que detectamos los educadores, o los entrenadores o los vecinos, ese germen de la violencia en sus primeros años de vida será letal cuando alcancen la edad adulta. Hay que reeducarlos como apunta la psicóloga experta en violencia sexual  entre menores Angélica Cuenca.
Lo que no vale es la inacción, quedarse de brazos cruzados y exclamarse. Dejar que el viento del sur arrase a las mujeres y entenderlo como normal, siempre fue así y siempre lo será, el patriarcado mutante y la contemplación de la minoría silenciosa. Celebro la aportación tecnológica que se produjo en el Congreso de Andalucía en su modalidad Hackaton (concurso de programadores) que produjo una app de móvil que se denomina En tu mano, es invisible y se puede activar con el volumen, inmediatamente geolocaliza a la víctima en el momento de la agresión. No es la panacea, se necesita un dedo que la active y muchas veces está secuestrado por el pánico, se necesita que la adolescente tome consciencia de su situación y pueda ver más allá del enamoramiento de su supuesto príncipe azul. Hacen falta muchas cosas para combatir el viento pero todas están en nuestra mano.

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