dimecres, 6 de maig de 2015

FÁBULA DE LOS LISTOS LLORONES Y EL INCULTO AVISPADO



Había una vez un país lejano (mejor que no se identifique) en el que vivían millones de listos. Desde que entraron en la escuela les dijeron que si aprendían y aprendían, obedecían y obedecían, llegarían muy lejos. Y ellos, alumnos dóciles y aplicados se dedicaron a empollarse todos los saberes como si fuesen jarabes para ser ricos. Y llegaron a la universidad, oh prado verde de las esencias de la inteligencia, un año disfrutando del la verdor de la sapiencia magistral, dos años entregados a la ciencia y sus familias apoquinando para que el futuro les devolviera los intereses, tres años de sudor y lágrimas para superar los insuperables exámenes que les endosaban sus ilustres catedráticos, cuatro años para poder llegar al Olimpo del mundo laboral y desde allí proyectarse hacia la opulencia. Ay incautos listos, llegó una crisis horrenda y los dejó sin sueños, nada de lo que les habían prometido se cumplió y se encontraron rondando la treintena con la precariedad y el futuro negro. Y se fueron por los platós a llorar, a visibilizar su pena, a explicar sus penurias de timados con carrera. Lágrimas y lágrimas, amenazas con irse a otros lugares más halagüeños, lágrimas y más lágrimas, esperando que alguien les devolviera el sueño en papel de celofán.

En el mismo país nació unos años antes un inculto labriego. Aquel país era oscuro, lúgubre, preso, analfabeto. El inculto labriego no se le ocurrió otra cosa que timar al ejército cuando fue a la mili, sisaba armas que compraba un enemigo oficial a buen precio, cuando lo descubrieron puso pies en polvorosa. Pero de tan inculto se las ideó para atacar al reyezuelo de todo el universo conocido, cómo lo haré pensó para sus adentros, cómo desbancaré su poder soberbio para hacerlo besar el suelo por el que piso. El inculto se las ideó para engañar al señor del dinero con trampas propias de los ladrones más sagaces y con el dinero que afanó se dedicó a subvencionar otros incultos pobres pero valientes y arrojados que quisieran romper la tiranía de los señores del dólar. No lloró ni una gota. Combatió y ejerció una inteligencia (de esa que ahora llaman natural) para poner al enemigo contra las cuerdas.
El domingo en televisión pasaron una breve síntesis de la fábula (Salvados y El Objetivo).
Moralejas posibles: No por mucho llorar se hace más pupa al poderoso. Más vale ingenio en mano que teorías volando. Al Dios del dinero arreando y con el timo dando. Quien bien llora no consigue curro….

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