dimarts, 19 de març de 2013

EL DÍA DEL NO PADRE



Para el 19 de marzo todos los profesores de Trabajos Manuales (precursor de la Educación Visual y Plástica moderna) ayudaban a confeccionar a sus alumnos un cenicero que regalar al padre (padre y tabaco era una ecuación nada extraña en aquel tiempo mío de infancia). Recuerdo con cariño cómo lo envolvíamos en papel de celofán amarillo o azul y esperábamos a la noche (que era cuando llegaba baldado de currar mi padre) para hacerle entrega del fruto de nuestras manos. Aunque fuera un burruño el padre agradecía el gesto y la madre sacaba de una bolsa el regalo preceptivo: unos calcetines o una corbata. Y aquella noche la familia dormía unida y feliz, el ritual se había cumplido con pulcritud.

Hoy vuelve a ser 19 de marzo, pero han pasado casi cuarenta años de la fabricación del cenicero. Y la democracia trajo del brazo la libertad (no tanta como quisiéramos) y por consiguiente (locución política) el divorcio. El padre y la madre se podían desvincular y ser agentes independientes, incluso construir una nueva unidad familiar. La retrógrada sociedad española vio estos movimientos con mucha reserva, colocó la etiqueta de fracaso al divorcio y decidió por unanimidad que los hijos de divorciados debían tener traumas.
Ya se encargará el Corte Inglés de mitificar la jornada para que se recupere el consumo con la celebración de la sacrosanta paternidad. Además coincide con san José, un tipo entregado y abnegado donde los hubiere, se tragó el tema del embarazo divino como si tal cosa. Yo quiero poner la mirada en un río subterráneo.

-          -Mi padre no existe. No tengo padre. Se fue con otra y nos abandonó. No quiero saber nada de él. La única que nos cuida es mi madre. Lo ha pasado muy mal pero nos ha tirado a mí y a mi hermano adelante. Mi padre no quería responsabilidades.

La dureza de los ojos de un adolescente nos invita a creerlo. He escuchado las mismas palabras cambiando el género.

-          -Mi madre es una puta. Mi madre no nos quiere. Es mi padre el que se ocupa de todo, se ha desvivido por mí, me da todo lo que necesito. Mi madre vive con otro tío y a mí no me da la gana vivir con ella.

No suelo creerme todo lo que escucho. No suelo dejarme llevar por las evidencias, debajo de cada caso hay una historia y solo la conocen los protagonistas. Lo que sí sé es que en mi instituto y en muchos institutos hay muchos hijos trofeo que lucen en las estanterías de uno de los cónyuges mientras el otro sufre buscando qué es lo que hizo mal para ser odiado a perpetuidad por el ser al que dio vida. Se empieza a hablar de Síndrome de Alienación Parental, pero la sociedad avanza lentamente, se defiende judicializándolo todo (american way of life) y mientras tanto un río invisible de sufrimiento surca por los pasillos de mi instituto y de todos los institutos del país.
Felicito desde aquí a los no padres y a las no madres. Básicamente porque cada vez soy más escéptico.

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