diumenge, 3 de març de 2013

FÚTBOL ES FÚTBOL



Un lunes sin fútbol no es lunes. En los pasillos del insti hay una expectación que no responde ni a los nervios por el examen de Naturales, ni a los inhumanos deberes de Matemáticas ni a ninguna nimiedad relacionada con el saber. No podemos desdeñar un fenómeno que aunque no figure en ningún curriculum educa (o deseduca) tanto o más que la propia escuela. Los alumnos son espectadores del show y agentes activos en los diferentes clubs de su localidad, entrenan hasta tres veces a la semana y juegan cada finde. Sostengo que nuestra sociedad está decorada con una capa de barniz de modernidad que se levanta sin remisión cuando los cavernarios instintos que desata el futbol se enardecen al empezar a rodar el esférico. Si no quieren quedarse en fuera de juego (un día con más paciencia ya explicaré a los no versados en qué consiste), follow me. 

España está en la cola de I+D, del informe PISA y de decenas de clasificaciones que indican el desarrollo de un país, somos la chacha de Europa (la Merkel nos pondrá la cofia cualquier día de estos), un cero a la izquierda para los americanos y los chinos que son los que ahora mueven el cotarro mundial, pero, señores y señoras, en el tema del balompié estamos on fire. Nadie nos tose, qué país puede presumir de ser campeón del mundo y campeón de Europa, tener jugando en su liga de primera división al bota de Oro, al de Plata y al de bronce ( y así sucesivamente hasta llegar al latón). Escuchar antes que nadie las sandeces del entrenador más mal educado del planeta y contar con presidentes que despotrican como forofos cuando la pelotita no entra. Andamos surtidos de árbitros más ególatras que Berlusconi y aficionados que aunque no tengan ni para comer pagan religiosamente el carné de socio del club de sus amores. Así somos y así nos va.
No hablaré del clásico Madrid-Barça que ya nos sale a todos por las orejas. Unas horas antes por temas personales asistí a un partido de cadetes donde jugaban un par de alumnos míos. ¡Joder, el profe de sociales! Las caras de gamusinos que pusieron al verme fueron para hacerles un retrato. El partido, todo hay que decirlo, fue muy sosillo, mucha lucha pero poco acierto. Cuando andaba feneciendo la segunda parte saltó la sorpresa (socorrida expresión radiofónica). Un fuera de banda insignificante, un padre del equipo visitante que increpa al árbitro, un seguidor local que lo manda a la mierda y en dos minutos se montó la de san Quintín. Te pego leche (Ruiz Mateos vestido de Supermán se reencarnó en uno de los púgiles), vámonos fuera que te mato respondió un jovencito con pinta de Rocky Balboa. ¿Tú y cuántos como tú, cabrón? Y una sucesión de lindezas del mismo calibre que salpicaron los oídos castos de cuantos seguían el evento. Partido parado y el árbitro que dice que no continúa hasta que los alborotadores (padre y hermano de jugadores de campo) no abandonen la grada. Los entrenadores del equipo local haciéndose los buenos piden calma al respetable, un padre me informa soto voice que en la ida fueron expulsados y castigados con cinco partidos de sanción por insultar al árbitro. Mis alumnos me miran con cara de pícaros, supongo que piensan para sus adentros, Jordi, ponles un parte de esos que nos pones en clase de sociales. La escena era surrealista, los jugadores en el césped girados hacia la grada contemplando el combate de boxeo, el mundo al revés, sólo faltaban las palomitas y los altramuces. Menos mal que al final se impuso la cordura y acabó el partido sin más sobresaltos.
Los alumnos me preguntarán mi opinión, los conozco. Tendré que recurrir a la célebre frase de Vujadin Boskov (entrenador del Zaragoza en los años 80). Como si los viera, profe no te enrolles, pero yo a lo mío, a ver si uno no puede fardar de culturilla futbolera... Boskov era yugoeslavo y tenía serios problemas idiomáticos, sin él ser consciente creó un axioma que ha perdurado en el tiempo. Futbol es futbol, y gol es gol. El origen de tan profunda reflexión estaba en su falta de recursos lingüísticos pero actualmente es un latiguillo socorrido que sirve para explicar lo inexplicable del sagrado mundo del fútbol. 

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