dimecres, 20 de març de 2013

MENDICIDAD AGRESIVA



 "Nada más pernicioso ni más provisto de taras que la resignación"
                                                                            (Pepe Caballero-Bonald)

El profesorado de un instituto conforma una sociedad estamental. En la cúspide de la pirámide se hallan los Intocables de Eliot Ness (Equipo directivo) y en la base los esclavos (sustitutos por días, semanas y en el mejor de los casos meses y los interinos que se quedan todo el año). En medio encontramos la alta burguesía (funcionarios con plaza y considerable antigüedad) y baja burguesía (funcionarios con plaza y poca antigüedad y funcionarios sin plaza fija). Fuera de la pirámide huele a muerto, miles y miles de profesores que nadie los llama porque no hay quién coja una baja con el pellizco que le pegan a la nómina (90 euros mínimo por día no trabajado). 
Los dueños de las tijeras aprietan las clavijas a los Intocables para que éstos en gravitatorio movimiento domestiquen a sus subordinados que por miedo a perder sus privilegios se dejan pisotear sin rechistar. Los esclavos morirán de hambre, de sed o de trabajos forzados pero en lugar de rebelarse, lamen el culo de los directores para que no les dejen caer al vacío y les reclamen en caso de vacante (o sea pasar por encima de otros esclavos). Solícitos se dedican a demostrar que son los mejores profesionales del mundo y sin rubor, imploran a la burguesía (alta y baja) que se solidarice con su triste futuro. Éstos les acusan de colaboracionistas, de tragar con carros y carretas y de encubrir su docilidad con el sálvese quien pueda. El barco se hunde pero cada uno de los estamentos confía en ser el último en saltar al gélido océano.

En mi departamento hay un interino que me comenta su zozobra de cara al año que viene. Las nuevas medidas de austeridad instigadas por los eficaces protestantes (religiosamente) del Norte de Europa lo pondrán de patitas en la calle. Es un eficiente profesional que desaparecerá de nuestra vista gracias a que seguramente trabajaremos una hora lectiva más el resto de compañeros. Le hago una propuesta indecente, mi creatividad cuando se activa, hace estragos.

-          -El año que viene puedes venir a mendigar a la puerta del instituto. Un cartelito que rece algo así como Más triste es de robar. Te sientas en el suelo mientras pasan los alumnos. Yo te auguro que no duras ni una hora. Te echan, te convencen o te contratan.
  
         -¿Quieres decir?
     -Infalible, amigo. Si desapareces de nuestras vidas todos estaremos muy tranquilos. Te recordaremos con insidiosa nostalgia pero te olvidaremos. Tu presencia con la mano estirada pidiendo limosna nos compromete.

Se lo cuento al jefe de departamento. Como si fuera una excentricidad de las mías, sin darle demasiada importancia. Noto que el bigote no se le mueve un ápice y a la que puede huye por la puerta para que no siga metiendo el dedo en la yaga. Pertenece a la alta burguesía, acabará cobrando mil euros y haciendo más horas que un reloj pero no le gustaría escuchar los gritos de los náufragos, prefiere pedirle a la orquesta del Titanic que siga tocando a todo trapo.Una cosa es señalar a los de arriba como únicos culpables de lo que sucede y otra mirarse a un espejo en el que quedamos muy desarreglados.  
Al día siguiente el interino me acusa de tener malas ideas, de ser una mala influencia, de ponerlo en un compromiso con el jefe de departamento. Tiene razón en todo. Yo soy baja burguesía y saltaré después del ofendido.
Suena el timbre que convoca a clase. Como decía mi abuela, lo tenga que ser, será. 

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