dilluns, 18 de març de 2013

MOSQUITAS MUERTAS VS CRÁPULAS



De las aguas mansas líbrame Señor que de las bravas me libro yo. El dicho viene a cuenta porque en los institutos hay alumnos con mala fama (bravos) y alumnos con pedigrí (mansos). Los primeros suelen cometer sus fechorías a cara descubierta, todos los profes despotrican sin reservas contra ellos, cuando se encuentra una pintada en el lavabo sus nombres aparecen en todas las ternas. Los segundos dan los buenos días amablemente, sacan buenas notas y se mimetizan perfectamente con lo que se espera de un alumno modelo. Las apariencias engañan dice otro refrán. Es necesario pactar con Dios para no llevarte un buen susto con los que concitan el beneplácito de los colgadores de etiquetas. 

Una compañera me para por el pasillo para prevenirme de que ha recibido quejas de madres de su tutoría (Segundo de ESO). 

         -Dicen que les hablas mal.
         -Y eso…
         -Que les metes broncas y que les insultas… 
         -¿Insultar? Perdona, no es mi estilo, que les canto las verdades del barquero es una cosa, insultar es otra bien distinta. ¿Quiénes son los Garganta Profunda? (el del FBI, no penséis mal que os coñozco).
       -Los padres temen represalias y no quieren que te lo diga. Son padres que hablan mucho con la directora, mejor que  suavices el tema.
    -¿Qué valientes, no? Tiran la piedra y esconden la mano. No sufras, lo arreglaré a mi manera, parecerá un accidente.

La veteranía es un grado, no es la primera vez (ni la última) que me enfrento a una conspiración. Dos ingredientes son fundamentales para montar la mahonesa: a) bocas con ganas de defenestrar la autoridad b) Oídos interesados en tenerte en formol (padres justificadores, compañeros con cuentas pendientes o directores que buscan frenar rebeldías).
Estos adolescentes nuestros que no temen ir al infierno por levantar falsos testimonios se creen los inventores del mundo. Cacareo medias verdades en casa, enciendo la mecha y si explota y se lleva por delante al profe, fin de la autoridad y del trabajo. Y si no cuela, me amparo en el anonimato y la próxima vez será. Para acabar de configurar la morfología del enemigo cabe apuntar que son gente de piel fina (no me cachondeo del acné y otras erupciones), hablo de susceptibilidad. Ellos pueden saltarse todas las normas habidas y por haber (deberes, obligaciones, su propia palabra, modales…) pero el pobre mortal que se atreva a perforar un milímetro de lo que consideran sus derechos es sentenciado a la pena capital.
Lejos de arredrarme, a mí me gusta jugar y de paso educar. Decido colocar un cebo embadurnado de cinismo culteranista para atraer a la presa. 

          -Lo siento en el alma estimados y reverenciados alumnos, lamento que mis afiladas  palabras respecto a vuestro deleznable esfuerzo en las tareas que os encomiendo os hayan conducido a la zozobra.
         -¿Qué dices, profe? ¿Te has fumao?- el que habla es el crápula del grupo, metro y medio de malas ideas concentradas.
          -No. Lo que no puedo consentir bajo ningún concepto es que sigáis sufriendo. Si sois incapaces de responder tres sencillas preguntas después de ver una peli y tampoco puedo reprenderos por vuestra conducta será mejor que cambiemos de método. A partir de la semana que viene cogeremos el libro y haremos millones de ejercicios para restañar vuestra dignidad mancillada.
         -¡Y una mierda! ¡No es justo! ¡Seguimos igual!
         -Me gustaría que fuese así, pero como algunos de vuestros compañeros se han sentido molestos y así se lo han expresado a sus progenitores. Y vuestra tutora me lo ha trasladado a mí, sintiéndolo mucho…

El motín se desborda y cobra tintes de revolución, la mayoría de la clase no había tomado en consideración la bronca que les clavé y tal vez la consideraban hasta justa. Se inicia la cacería del chivato para llevarlo al patíbulo. La muchedumbre es fácil de manipular, eso lo saben muy bien los que mandan. Tres mosquitas muertas (alumnas inmaculadas de sobresaliente perpetuo) no participan del jolgorio generalizado que me exige mantener la misma metodología. Recogen sus alas por precaución y clavan sus ojos en la mesa para no cruzarse con los míos.  

          -Ya es suficiente. Imagínate tú que me hubiese dejado encendido el móvil… tendría una prueba fehaciente de que una amplia mayoría de la clase está de acuerdo con mis métodos. 

Las mosquitas muertas enrojecen de furia pero callan cobardes, no se atreven a litigar con sus enfurecidos compañeros ni a combatir mi demagogia populista. Donde las dan, las toman. El crápula que parecía un convidado de piedra en la venganza reclama su protagonismo.

-         - Qué cabrón, profe… Les has dado en toda la cresta. Pero no vale…
-          -¿Cómo que no vale?
-          -Es ilegal, tú no puedes grabarnos sin nuestro permiso. 

Lunes de fútbol. En el partido de las etiquetas. sube un gol al marcador. 
                                              Crápulas 1-Mosquitas Muertas 0.

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